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Lamborghini Diablo: El Demonio de la Velocidad de los Años 90

Reemplazar a un icono absoluto de la cultura popular que definió por sí solo una era completa es, sin duda, la tarea de ingeniería y diseño más ingrata, difícil y arriesgada a la que puede enfrentarse cualquier fabricante de automóviles. Cuando la década de los ochenta tocaba a su fin, la alta directiva de Automobili Lamborghini sabía a ciencia cierta que su legendario y extravagante modelo Countach, a pesar de sus innumerables actualizaciones mecánicas y lucrativas ediciones de aniversario, había agotado por completo su vida útil comercial, técnica y ergonómica.

Para lograr mantener su orgullosa y fiera reputación frente a los inminentes, temibles y tecnológicamente hiper-avanzados rivales emergentes europeos (como el extremadamente complejo Porsche 959 de tracción total, el prometedor proyecto del británico Jaguar XJ220 o el siempre presente y espartano Ferrari F40), Lamborghini inició en secreto a finales de los años ochenta el desarrollo de lo que se conocería internamente como el “Proyecto 132”. El mandato corporativo para los ingenieros era muy simple en el papel, pero exigía un esfuerzo hercúleo en la fría práctica: el nuevo coche debía retener intacta la brutalidad visual, el atronador sonido de doce cilindros y las icónicas puertas de tijera de la marca, pero debía imperativamente superar de manera oficial, certificada e incuestionable la mítica, sagrada e inalcanzable barrera de velocidad máxima de las 200 millas por hora (321,8 km/h).

El resultado final de esta obsesiva búsqueda de la velocidad supersónica se presentó oficialmente con enorme pompa y gran ostentación en el lujoso hotel de Montecarlo, en el Principado de Mónaco, a principios del año 1990. Fiel a la arraigada y solemne tradición taurina de la casa de Sant’Agata Bolognese instaurada por Ferruccio, el nuevo buque insignia V12 fue bautizado con el fiero y ruidoso nombre de un temible toro bravo que, en el lejano siglo XIX, libró una batalla épica y legendaria en la plaza de Madrid: el inconfundible Lamborghini Diablo.

Un Diseño Refinado: De la Furia de Gandini al Lápiz de Chrysler

El diseño maestro del nuevo superdeportivo fue inicialmente encomendado, como era lógico y de esperar por derecho propio, al célebre maestro carrocero Marcello Gandini (el brillante y controvertido creador original responsable de las hermosas curvas del Miura y de las transgresoras y agresivas aristas geométricas del Countach). Gandini, fiel a su estilo radical de vanguardia, esbozó y presentó a la directiva un diseño sumamente agresivo, muy angular, plagado de aristas cortantes, voladizos pronunciados y pliegues dramáticos.

Sin embargo, a finales del año 1987, la precaria e inestable marca italiana Lamborghini había sido adquirida y rescatada financieramente por el gigantesco músculo corporativo del grupo automotriz estadounidense Chrysler Corporation. Cuando los altos directivos y los pragmáticos ingenieros de Detroit revisaron en persona los afilados y agresivos prototipos de arcilla a escala real presentados por Gandini, los consideraron excesivamente polarizantes, notablemente ineficientes a nivel aerodinámico para lograr las pretendidas altas velocidades requeridas y, en resumen, demasiado anticuados para la incipiente, fluida y suave década de los años noventa que se avecinaba velozmente.

Bajo las estrictas, frías e innegociables órdenes de los ejecutivos de Chrysler en Michigan, el numeroso equipo de diseño americano intervino fuertemente en el costoso proyecto europeo, suavizando y limando intensamente los duros, agresivos y afilados trazos originales creados por Gandini. Redondearon profusamente las pronunciadas esquinas de los ensanchados pasos de rueda, alargaron y alisaron sutilmente el perfil de la cúpula de la cabina acristalada e integraron con inmensa suavidad los enormes flancos laterales de los pontones, logrando finalmente reducir el coeficiente de arrastre aerodinámico de una forma drástica y creando una carrocería mucho más resbaladiza y amigable con el fuerte viento a alta velocidad.

El legendario, terco y siempre orgulloso diseñador Marcello Gandini se sintió tan profundamente ofendido, menospreciado, decepcionado y enfadado por esta enorme y drástica intromisión de los “suavizados” diseñadores americanos sobre su visionario trabajo original que, como puro acto de visceral rebeldía e indignación profesional, utilizó sus propios bocetos iniciales inalterados, más angulosos, violentos y puros, para colaborar posteriormente de forma independiente con un grupo inversor en la creación del brutal, ancho e hiper-exótico deportivo Cizeta-Moroder V16T. A pesar de la rotunda y profunda indignación pública del creador original italiano, el producto final resultante y pulido que fue definitivamente aprobado para producción por la junta directiva de Chrysler (el Lamborghini Diablo definitivo que hoy todos conocemos) demostró, con el implacable paso del tiempo, ser un diseño exquisitamente agresivo, atemporalmente proporcionado y, de manera verdaderamente crucial, masivamente más eficiente cortando la masa de aire a altas velocidades que cualquier variante o evolución previa del antiguo, cuadrado y aerodinámicamente pobre Countach.

El Corazón del Diablo: V12 Atmosférico a Más de 320 km/h

Debajo de las largas, sutiles y agresivas curvas de la imponente nueva carrocería, que había sido esculpida sin reparar en gastos utilizando una muy avanzada, resistente y exótica mezcla de aluminio puro para el capó y las grandes puertas elevables (para aligerar peso en las bisagras), complementada con ligera fibra de carbono estructural y rígidos polímeros reforzados especiales para conformar los enormes y abultados paneles restantes del exterior, residía de forma inquebrantable el único elemento verdaderamente sagrado e intocable de cualquier gran deportivo purasangre que se preciara de llevar el escudo de la marca: un inmenso, sumamente ruidoso y poderoso bloque de motor V12 (doce cilindros en uve) de aspiración natural pura.

La arquitectura térmica básica de este ancho pulmón de aleación seguía fuertemente cimentada y apoyada en la ancestral, fiable y gloriosa obra fundacional ideada en la década de los años 60 por el ingeniero original renegado de Ferrari, Giotto Bizzarrini. Pero para poder dar vida dignamente y propulsar al pesado y ambicioso modelo Diablo, el robusto bloque matriz fue sometido a una intensa modernización termodinámica de principio a fin, renovando la gran mayoría de sus sensibles entrañas mecánicas:

  • Cilindrada Masivamente Aumentada: La capacidad volumétrica respiratoria vital del fuerte bloque de aleación ligera fue considerablemente elevada y estirada con gran contundencia hasta alcanzar unos macizos, gruesos y rotundos 5.7 litros de cilindrada total y completa (frente a los 5.2 litros que empleaban las últimas variantes del Quattrovalvole del modelo saliente).
  • Inyección Electrónica Computarizada Avanzada: En un salto técnico absolutamente vital y necesario hacia la modernidad, el control y la fiabilidad de uso diario, Lamborghini descartó, por fin y para siempre, los anticuados, sucios, ruidosos, temperamentales y dolorosamente caprichosos carburadores mecánicos tipo Weber de tiro descendente tradicionales (los cuales tendían crónicamente a desajustarse de forma catastrófica ahogando el motor debido a leves cambios de altitud o bruscas variaciones de la temperatura ambiente estacional). En su lugar, los ingenieros adoptaron un sofisticado, complejo, sumamente preciso y modernísimo sistema electrónico inyector computarizado multipunto secuencial, desarrollado en rigurosa exclusiva y de forma conjunta por el reputado equipo europeo de especialistas de Weber-Marelli (el inmensamente avanzado sistema tecnológicamente conocido como inyección L.I.E., o Lamborghini Iniezione Elettronica).
  • La Potencia de Rotura Innegable: En la primerísima e icónica generación inicial y básica original (comercializada en los concesionarios simplemente como Lamborghini Diablo básico de tracción trasera entre 1990 y 1998), el colosal, ancho y profundamente ruidoso motor montado en su estricta, purista y pesada configuración tradicional trasera longitudinal, emitía una desbocada, aguda e ininterrumpida sinfonía de escape constante. Este brutal bloque arrojaba alegremente al plato del embrague, sin la más mínima necesidad de recurrir a la pesada, silenciosa y artificial ayuda de turbocompresores externos, unos inabarcables, terroríficos y contundentes 492 redondos Caballos puros y netos de Vapor (CV) a unas chillonas, estridentes, vibrantes y muy estresantes y agudas 7.000 revoluciones inagotables por minuto. Además de la enorme cantidad de pura cifra de caballos de giro, entregaba sin ningún pudor, de forma paralela y contundente, un inmenso y triturador par de empuje motor físico constante y plano; una fuerza de par torsión contundente máxima en baja rotación que sumaba unos fuertes, empujadores y duros masivos 580 redondos Newtons Metro innegables de torque (Nm).

Todo este violento y abrumador tren de carga de energía e inercia rotacional se acoplaba inevitablemente, por medio de un gigantesco y duro embrague de competición bidisco de accionamiento pesado, a una durísima y muy voluminosa caja de cambios de engranajes que era, en su origen, y para alegría de los puristas más radicales, exclusivamente de tipo puramente manual (sin opciones automáticas a la vista en aquellos primeros tiempos de la década). Esta dura y selectora pesada caja ruidosa disponía de cinco fuertes, inmensamente largas y precisas cerradas velocidades escalonadas para alcanzar el tope de registro de velocidad. Era una unidad de transmisión que exigía y obligaba de forma mecánica e ineludible al conductor asustado a accionar sus fríos y cromados hierros con una fuerza física verdaderamente hercúlea y un tacto de hombre puramente duro, sudando en el pesado y musculoso brazo derecho para lograr mover la precisa palanca por la rejilla, requiriendo además un enorme, paciente y muy fuerte y ágil pie izquierdo capaz de someter el duro, pesadísimo y rudo resorte inferior del embrague hidráulico incrustado en el piso del corto pedalier.

No obstante todo este sufrimiento ergonómico, el enorme sudor y el esfuerzo físico puramente tortuoso de los conductores más adinerados se veía inmensamente y plenamente recompensado; bajo la fría, aséptica e imparcial y dura auditoría de evaluación final oficial de la exigente cronometría europea de pruebas asfálticas de prensa, el pesado deportivo sencillamente no decepcionó absolutamente a nadie en la industria: Lograba arrancar mordiendo el duro asfalto trasero y lograba salir inmensamente disparado, rugiendo a puro y estruendoso pulso violento desde el estático reposo cero absoluto, rompiendo fácil y holgadamente con enorme estruendo y enorme humo blanco inabarcable la clásica medida de puro asfalto y tiempo, catapultándose de 0 a veloces y rápidos velocísimos 100 innegables kilómetros por hora en una escueta, ruda y veloz marca corta y dolorosamente fugaz de escasos 4.5 crudos y ruidosos rápidos segundos redondos y puros, dejando humillada a buena parte de la selecta competencia purista europea de la rígida era dorada de los noventa.

Y, finalmente, lo que resultaba ser más asombroso, legendario, verdaderamente glorioso y espectacular de toda la inmensa empresa de desarrollo, y para la gran y enorme alegría, desmedido festejo e inmenso orgullo corporativo patrio de todos y cada uno de los asombrados y exhaustos aliviados ingenieros italianos del equipo, el fiero Diablo logró, de una manera aplastante, majestuosa e innegable, cumplir y rebasar con gran holgura dinámica la pesada y fundamental promesa inicial impuesta agresivamente como dogma por la dura junta directiva internacional extranjera. Superando holgada y sobradamente toda expectativa comercial previa y toda compleja barrera aerodinámica de empuje y resistencia del denso aire, el aerodinámico y liso modelo rompió asombrosa y atronadoramente la inalcanzable, dolorosa y sagrada barrera mágica redonda internacional psicológica de las afamadas 200 mph, alcanzando de manera certera, homologada y certificada oficialmente, coronando de forma rotunda y majestuosa, y logrando sostener durante kilómetros de manera innegable una pura y aplastante velocidad terminal y máxima de empuje punta absoluta de 325 asombrosos y duros redondos kilómetros puros por la veloz y dura hora asfáltica (unas innegables, probadas, comprobadas y muy veloces asombrosas 202 velocísimas millas exactas por hora reales). Con esta enorme demostración, se consolidaba la fama pura y extrema de la ruidosa y feroz fábrica automotriz del toro.

La Evolución de la Especie: El VT, el Brutal GT y la Era Audi de 6.0L

A lo largo y ancho de su excepcionalmente extensa, fructífera y ampliamente prolífica vida comercial duradera, que abarcó asombrosamente y dominó todos los años de la colorida época noventa y se adentró valientemente aguantando el tipo en los innegables, puros y digitalizados inicios del nuevo e incierto milenio tecnológico del moderno año 2000, el innegable, viejo y feroz supercoche Diablo se vio forzado y se fue poco a poco adaptando, refinando mecánicamente, modificando estética y fuertemente, y, sobre todo, logrando ir evolucionando de forma constante y profunda en las puras entrañas, mediante la progresiva y lógica adición corporativa de valiosísimas, seguras y asombrosas nuevas versiones, ediciones y actualizaciones, logrando corregir inmensamente sobre la pesada marcha asfáltica sus numerosos y muy graves defectos y peligros crudos iniciales tempranos de comportamiento.

  1. Lamborghini Diablo VT (Viscous Traction) - Presentado en 1993: El temprano, peligroso y puramente brutal modelo pionero original inicial de base, el temible modelo ruidoso básico purista dotado de tracción exclusivamente trasera pura y enviada al límite solo atrás (RWD), era trágica y notoriamente famoso en todo el respetado y peligroso mundo cerrado del puro motor por ser un vehículo increíble e innegablemente traicionero, duro y letal de manejar agresivamente al extremo. Su inmensa masa propensa al enorme derrape de inercia y gran par, lo volvía puramente rápido, pero se percibía enormemente impredecible, brusco en asfalto frío, y extremadamente peligroso e incapaz de mantener rectamente una trazada si se intentaba apurar y llevar ciegamente rápido a altísimas velocidades peligrosas en una pista revirada o, especialmente, si se pilotaba y se pisaba osadamente el agresivo pedal derecho bajo las implacables, delicadas, húmedas y resbaladizas condiciones meteorológicas traicioneras de dura lluvia o asfalto mojado en resbaladizo frío. Para poder solventar, eliminar y solucionar drásticamente de raíz este famoso peligroso y mortal defecto crítico dinámico crudo, y para lograr finalmente domarlo de verdad asombrosamente sin perder la agresividad básica pura del empuje bruto, en el histórico año 1993, Lamborghini rediseñó el chasis e introdujo sabiamente a todos sus asustados compradores e inversores del mundo la novedosa, avanzada y valiosísima versión mejorada y revolucionaria del famoso modelo VT (Viscous Traction). Este coche empleaba, añadía y adoptaba sabiamente un inteligentísimo, complejo, pesado y sumamente avanzado moderno sistema puramente mecánico de diferencial central complejo inteligente equipado de un útil y suave sistema de empuje y acoplamiento de fluido viscoso (tecnología segura y astutamente heredada, probada y extraída de las estanterías de desarrollo del pesado proyecto del antiguo vehículo de enorme todoterreno pesado y militar del gigantesco LM002 de la propia marca). Este complejo sistema cerrado fluido de tracción a las cuatro anchas ruedas (AWD) permitía mágica, imperceptible y progresivamente al duro hiperdeportivo lograr derivar e inteligentemente enviar activamente de manera súper segura y estable la transmisión activa de hasta un vital, inmenso y preciado tope límite dinámico asombroso del 25% extra de proporción de toda la inmensa, dura y agresiva pura gran potencia y par trasero directamente canalizada a un nuevo engranaje en el ligero tren de las ruedas direccionales delanteras de forma automática reactiva tan solo en milisegundos si el ordenador mecánico central interno detectaba con sensores que las innegables, potentes e inmensas ruedas traseras patinaban inútilmente sobre el suelo o perdían rápida y letal adherencia. Esta brillante incorporación de tracción activa transformaba literal, puramente y radicalmente al antiguo monstruo inmanejable, salvaje y letal en una grandísima y asombrosa máquina rutera inmensa y segura. Una bestia hiperdeportiva inmensurablemente más aplomada y fácil de exprimir, inmensamente predecible y controlable, capaz de reaccionar de forma dócil y fácil de domar, permitiendo conducir rápida y ágilmente a altas velocidades con total seguridad.
  2. Lamborghini Diablo SV (Sport Veloce) - 1995: Para contentar a los clientes más puristas y radicales de la vieja guardia, Lamborghini revivió la legendaria nomenclatura SV. Este modelo era el alter ego rebelde del seguro VT: eliminó por completo el sistema de tracción a las cuatro ruedas (volviendo a ser un tracción trasera pura) y perdió casi todo el equipo de lujo innecesario para aligerar el peso. A cambio, los ingenieros dotaron al V12 de mayor poder, entregando 510 CV. Era más peligroso, más ligero y, crucialmente, el único Diablo de la historia en ofrecer unas enormes calcomanías laterales opcionales con la inmensa inscripción “SV”, convirtiéndolo en un icono del exceso visual.
  3. Lamborghini Diablo GT y VT 6.0 (1999-2001): En el asombroso crepúsculo final de su vida, cuando Lamborghini fue comprada y rescatada definitivamente por el colosal Grupo Audi, los perfeccionistas ingenieros alemanes tomaron un último y profundo control del coche. Para la variante de calle final (el Diablo VT 6.0), decidieron refinar, pulir y mejorar la calidad de construcción del interior de forma drástica. Pero la modificación principal se produjo en el V12: su bloque se ensanchó en su capacidad final, llegando al histórico y brutal límite cúbico máximo de los 6.0 litros redondos de cilindrada. Este exquisito, fiable y robusto propulsor final de seis litros entregaba unos aterciopelados pero devastadores 550 CV de fuerza a las cuatro ruedas, combinando perfectamente el ruidoso, emocional y salvaje carácter puramente italiano histórico original del bloque Bizzarrini con el indudable, sólido, fiable y preciso estándar de calidad de fabricación hermético germánico.

Con casi tres mil unidades totales construidas a lo largo de su historia de vida de más de diez años, el Diablo cerró definitivamente las puertas de las naves de Sant’Agata Bolognese a la antigua y brutal era de los hiperdeportivos puramente viscerales, mecánicos, toscos y analógicos, entregando su glorioso y pesado bastón de mando a la inminente e imparable nueva era tecnológica del futuro Murciélago.