Hennessey

Venom GT

Hennessey Venom GT: El Matagigantes Tejano

Antes de que Hennessey Performance Engineering se embarcara en la hercúlea y millonaria tarea de diseñar y fabricar su propio hipercoche desde cero con el Venom F5, la compañía de John Hennessey tenía un objetivo singular e inquebrantable a principios de la década de 2010: destronar de una vez por todas al todopoderoso e intocable emperador de la velocidad, el Bugatti Veyron Super Sport, amparado por los recursos infinitos del Grupo Volkswagen.

Para lograr esta titánica hazaña sin contar con el presupuesto de desarrollo de un país pequeño, Hennessey recurrió a una de las fórmulas más antiguas y puras del “hot rodding” americano: tomar un coche británico extraordinariamente pequeño, ligero y con un chasis de manejo telepático, cortarlo por la mitad y embutirle el motor V8 americano más colosal, salvaje y potente que pudiera caber físicamente entre los ejes. El resultado de este agresivo experimento de Frankenstein transatlántico fue el Hennessey Venom GT.

La Anatomía del Monstruo: Chasis y Carrocería

A primera vista (o a lo lejos), el Venom GT parece guardarle un innegable e indisimulado parecido con un deportivo compacto británico bastante común: el Lotus Exige. Esto se debe a que, fundamentalmente y en su esencia básica homologada, el Venom GT comenzó su vida como un pequeño Lotus.

Hennessey compraba chasis desnudos de Lotus Elise/Exige directamente a la fábrica en Hethel (Inglaterra) y los enviaba a su taller en Texas. Sin embargo, para acomodar el masivo motor V8 biturbo y las monumentales fuerzas torsionales que iba a generar a 400 km/h, el chasis sufría una transformación quirúrgica extrema:

  • Estiramiento Radial: El chasis de aluminio se alargó, ensanchó y reforzó profusamente con complejas estructuras de acero y cunas traseras masivas para poder alojar físicamente el voluminoso bloque V8.
  • Carrocería Híbrida: Mientras que elementos como el parabrisas curvo, las pequeñas puertas, el estrecho habitáculo básico y las luces delanteras y traseras se conservaron del Lotus original (por razones prácticas y de homologación de cristal), todo el resto de la inmensa carrocería exterior y todos los paneles (morro, aletas ensanchadas y cubierta motor) fueron diseñados, esculpidos y fabricados en fibra de carbono ultraligera a medida.
  • El Peso Final: Gracias al diminuto tamaño de la celda de pasajeros del Lotus y al uso obsesivo de materiales aeroespaciales en la nueva carrocería, el vehículo completo pesaba la ridícula e ínfima cifra de 1.244 kg (2.743 libras) en vacío. Para ponerlo en perspectiva dolorosa: el Venom GT pesa casi 700 kilos menos que el corpulento Bugatti Veyron Super Sport.

El Corazón Nuclear: V8 Biturbo “LSX”

Bajo el masivo e interminable capó trasero esculpido en fibra de carbono negra no residía un delicado motor europeo de doce cilindros. Hennessey, fiel a su ADN tejano, optó por la máxima brutalidad demostrable americana y la sobrealimentación forzada por partida doble.

El corazón de la bestia era un colosal bloque V8 derivado de General Motors (el archiconocido y robusto bloque LSX) con una enorme cilindrada de 7.0 litros (427 pulgadas cúbicas).

  • Los Pulmones: Para convertir este excelente motor de camión/Corvette en un matador de Bugattis, Hennessey le adosó dos enormes y salvajes turbocompresores Precision de rodamientos de bolas dobles (twin-turbo) que soplaban y comprimían inmensas cantidades de aire denso directamente hacia las cámaras de combustión reforzadas forjadas.
  • La Potencia: El resultado verificado en el dinamómetro era de unos asombrosos y terroríficos 1.244 CV (1.261 PS) a 6.600 rpm.
  • La Magia Matemática: Este preciso e intencionado número de potencia no fue en absoluto una pura casualidad técnica; Hennessey afinó minuciosamente el soplado de los turbos para que el Venom GT alcanzara la mítica cifra divina de “Un Caballo por Kilogramo” de peso, logrando así un ratio sagrado mágico y redondo de 1:1 en la codiciada relación peso-potencia (1.244 CV para 1.244 kg de masa arrastrada).

Todo este maremoto de brutal e iracundo par motor masivo se enviaba salvajemente, sin la ayuda de complejas tracciones totales de peso añadido de los alemanes, y mediante una resistente pero exigente caja de cambios manual de 6 velocidades suministrada por Ricardo (la misma robusta unidad de transmisión mecánica reforzada en H utilizada en el superdeportivo Ford GT de 2005) única y exclusivamente de forma dramática a las anchos neumáticos de goma trasera a medida sobre el asfalto.

La Caza del Récord Mundial y la Polémica de Guinness

El único objetivo y propósito existencial del Venom GT era humillar al Bugatti Veyron Super Sport en línea recta oficial y arrebatarle el récord de velocidad, pero no estuvo exento de enormes frustraciones, asteriscos, negativas, asteriscos y dramas burocráticos.

Aceleración (Récord de 0 a 300 km/h): En enero de 2013, en el remoto y solitario aeropuerto de Ellington Airport, el Venom GT reclamó su primer título oficial histórico y brutal del “Guinness World Records” en el libro histórico al destrozar aplastante y oficialmente el tiempo global mundial más ridículamente insondable rápido documentado en una brutal aceleración de salida en reposo parado desde 0 a los supersónicos 300 km/h (0 a 186 mph) en tan solo y asombrosamente 13.63 incomprensibles segundos netos absolutos (marcando y aplastando un nuevo tope mundial, dejando atrás en ridículo al Koenigsegg Agera R y rompiendo estrepitosamente los tiempos del Bugatti reinante).

La Batalla por la Velocidad Máxima Top (2014): La verdadera y cruda guerra absoluta mediática definitiva asfáltica frontal tuvo lugar históricamente un año después, el glorioso y soleado febrero de 2014. John Hennessey llevó audazmente su creación máxima a la inmensamente enorme, kilométrica pista de asfalto y hormigón de aterrizaje para transbordadores espaciales de la NASA ubicada en las instalaciones privadas militares oficiales restringidas de acceso del Centro Espacial Kennedy (Florida).

Allí, el intrépido e insensato piloto de pruebas de la firma, Brian Smith, pisó valientemente el duro acelerador hasta a fondo durante kilómetros. Tras el monumental e insoportable empuje que levantó el tren delantero en el despegue inicial agresivo ciego, los complejos medidores y telemetría de satélite GPS láser ultra precisos oficiales independientes de alta frecuencia confirmaron asombrados el ansiado triunfo al detenerse brutal y asombrosamente la cifra cruda: El Hennessey Venom GT había alcanzado y tocado la velocidad máxima máxima punta absurda de terroríficos 435.31 km/h (270.49 mph) crudos. Acababa, extraoficial y objetivamente ante el ojo público del mundo automovilístico entero de la noche a la mañana asombrada en la portada principal, de ser el indiscutible supercoche rodante rey absoluto capaz de matar y desplazar, aunque marginal y cruelmente por poco pero superar en definitiva a la bestia europea de VAG, el pesado gran Bugatti Veyron Super Sport (que ostentaba el récord tope con 431 km/h o 267.8 mph de punta).

El Asterisco de la Fama y Guinness: Sin embargo, el durísimo, estricto e inflexible “Guinness Book of World Records” se negó polémicamente y tozudamente amargo a registrarlo, entregarle la medalla a Texas y concederle formalmente el honorable título oficial “Rey del Récord” de Producción en Serie de Calle por dos estrictas reglas legales puramente burocráticas:

  1. Para que la cifra alta y puntual registrada pudiera ser contabilizada legalmente, validada históricamente y aceptada como récord homologado oficial irrefutable, Guinness exigía imperiosamente que el coche hiciese dos pasadas continuas completas opuestas (ida y vuelta inmediata) en ambas direcciones seguidas para promediar, compensar e invalidar las leves ráfagas sutiles del viento cambiante en favor de popa o desniveles de pendiente; el estricto Gobierno de los Estados Unidos militar y dueños responsables de la base secreta de la NASA, implacables, solo les permitió rotundamente hacer una sola cruda pasada en una sola dirección concreta “ida”, truncando todo sueño burocrático de Texas.
  2. Además de ese fallo imperdonable, para considerarse oficialmente un “Vehículo Oficial Producción en serie de mercado”, la estricta organización Guinness exige imperiosamente comercializar vender al público global privado un mínimo general construido sumatorio contable base no inferior globalizado e inapelable de unidades fijadas en 30 construcciones ensambladas matriculadas terminadas. En ese momento clave exacto final final, Hennessey había fabricado solo tristemente para el mundo apenas un total acumulado general en línea escaso y exclusivo cortísimo tope estricto contabilizado en limitadísimas 29 exclusivas y cerradas innegociables unidades totales numeradas y fabricadas terminadas en taller para vender a su cerrado grupo estricto exclusivo elitista reducidísimo total público exclusivo de selecta adinerada cliente élite de Texas y el globo árabe en la tierra, quedándose corta dolorosa e incomprensiblemente escasa e imperdonablemente a las mismas puertas cerradas burocráticas frías sin apelación redonda de alcanzar formalmente la certificación burocrática última de producción oficial histórica de la lista.

Conclusión Final

Independientemente, ajeno a los fríos y técnicos polémicos lloros aburridos corporativos estancados e infinitos lloriqueos y tecnicismos aburridos eternos tristes de la prensa europea y de estamentos de comités de Guinness o puristas del panel interior de la antigua base chasis de cabina de la cuna del viejo y minúsculo deportivo de fibra de Lotus inglés estirado, el imponente musculoso misil balístico de suelo Venom GT pasará irremisiblemente grabado negro sobre la eterna piedra a los mejores, más locos salvajes capítulos crudos puramente mecánicos de velocidad romántica pura en blanco y negro como la más descabellada proeza balística norteamericana en suelo y pista construida de velocidad cruda de lo que va largo en todo este demente e irresponsable pero fascinante incomprensiblemente bello siglo moderno lleno de excesos en combustión interna y gasolina de alto octanaje sin censura para empujar valientes hasta traspasar barreras aerodinámicas imposibles.