Gumpert

Apollo

Gumpert Apollo: La Función por Encima de la Forma

A principios de la década de los 2000, un pequeño e incipiente fabricante alemán de hipercoches con sede en Turingia (Alemania) desveló una creación que desafiaba flagrantemente los estándares convencionales del diseño automotriz de lujo y prestigio. El coche se llamaba Apollo, y la empresa detrás de él era Gumpert Sportwagenmanufaktur.

El hombre al timón era Roland Gumpert, un brillante y venerado ingeniero automovilístico que había pasado años como director de la división deportiva de Audi (Audi Sport). Bajo su mandato, Audi dominó por completo el brutal y mortífero Campeonato Mundial de Rally (WRC) en la era del Grupo B con la revolucionaria tracción total permanente del Audi Quattro, consiguiendo un asombroso palmarés de cuatro títulos del Campeonato del Mundo de Rallyes (dos de constructores y dos de pilotos) y un total acumulado de veinticuatro asombrosas y reñidas victorias individuales. Cuando Gumpert decidió construir su propio y definitivo hiperdeportivo con matrícula legal para circular tranquilamente por cualquier carretera de la Unión Europea, aplicó exactamente la misma filosofía marcial y pragmática de las carreras de rally: la función pura, cruda y aerodinámica debía estar infinitamente por encima de la belleza o la forma estética.

El resultado finalizado en 2005 fue el Gumpert Apollo, un coche a menudo y dolorosamente criticado por la prensa superficial por ser indiscutiblemente feo (o al menos visualmente “desafiante”). Sin embargo, detrás de su aparatosa y musculosa carrocería asimétrica se escondía una de las máquinas de triturar cronómetros y asfalto más feroces, resolutivas y temibles jamás creadas para circular en la vía pública por manos privadas.

Un Corazón Extraído de Ingolstadt y Modificado

Para poder propulsar su pesadilla aerodinámica hacia velocidades absurdas, el señor Gumpert se basó con firmeza en sus estrechísimas y duraderas relaciones personales y profesionales corporativas pasadas y presentes. Utilizó y adaptó astutamente un bloque motor altamente probado, fiable, hiper-robusto y sobradamente conocido en su pasado, en lugar de intentar e incurrir en los prohibitivos costes de desarrollar y fundir un carísimo propulsor desde cero.

El Apollo utiliza una base sólida extraída directamente de Audi: un motor V8 a 90 grados de 4.2 litros de cilindrada con unas eficientes culatas multiválvulas (cinco por cada cilindro, un sello clásico inconfundible de las altísimas prestaciones de la casa alemana de los anillos en esa específica época).

Sin embargo, para alcanzar las demenciales cifras hiper-exigidas requeridas para impulsar una bestia diseñada por Gumpert, los ingenieros reconstruyeron y rehicieron el motor masivamente desde dentro:

  • Sobrealimentación Masiva: Añadieron un gigantesco y muy visible sistema de doble turbocompresor (twin-turbo) refrigerado por unos asombrosos sistemas de aire (intercoolers de grandes dimensiones) para introducir aire a enormes y altísimas presiones en las robustas cámaras forjadas de la explosión y combustión interna de los pesados bloques.
  • Opciones de Potencia Absurdas: El modelo estándar o “Base” de fábrica producía unos respetables y sólidos 650 Caballos de Vapor (CV) redondos. Una versión puramente afinada para el “Deporte” (Sport) elevaba el brutal soplado de las turbinas para entregar casi 700 CV, y la posterior versión definitiva bautizada como Apollo Race llegaba de manera asombrosa y demencial a la astronómica y ridícula cifra de casi 800 terroríficos caballos redondos, acoplados y enviados exclusivamente, sin misericordia electrónica, de manera directa a los neumáticos y la tracción de las dos ruedas traseras en seco del durísimo y resistente chasis espacial.

El inmenso e inagotable caudal y empuje resultante (con más de asombrosos 850 Nm directos del par o torque neto máximo disponible con casi inmediatez) es transferido al calzado y gomas de la carretera única y estrictamente mediante un uso complejo pero efectivo de una precisa transmisión secuencial electro-hidráulica manual controlada de competición de solo 6 rígidamente espaciadas y cortas velocidades. Esta misma transmisión incorpora y consta internamente en la arquitectura de un diferencial asimétrico mecánico de deslizamiento rígidamente limitado (Torsen o LSD mecánico puro de fricción de anillos de disco y platos de acero Torsen), asegurando que ambas descomunales llantas Michelin Pilot Sport generen en conjunto y en plena aceleración tracción máxima contra el ardiente firme del suelo alemán de Nürburgring en los duros track-days dominicales en los densos y cerrados bosques de la mítica pista.

Obsesión por el Suelo: Aerodinámica Extrema y Sin Concesiones

La razón absolutamente principal y capital subyacente de la que deriva inevitable e innegablemente la infame, poco afortunada y frecuentemente criticada apariencia visual tosca “de cubo de ladrillos”, las inmensas, anchísimas y marcadas aletas de gran tamaño e innumerables apéndices puntiagudos añadidos repartidos anárquicamente en su cuerpo del coche es, esencial y sorprendentemente, que cada simple y minúsculo centímetro o panel exterior esculpido en fibra y resina o louver está dictado por y diseñado imperiosamente para aplastar y forzar al chasis implacablemente al ras del suelo del asfalto.

El marco central, chasis principal y cabina envolvente principal de la nave es sencillamente una jaula central ultra-rígida de acero de aleación estructural al cromo-molibdeno resistente (Chrome-Molybdenum), herméticamente rodeada y recubierta íntegra y posteriormente por una segura y dura tina protectora tipo bañera ligera integral de resistentes e ignífugos paneles entrelazados de paneles compuestos y fibra de matriz de carbono.

El diseño y enfoque extremo e integral de la gestión general del flujo masivo de la corriente de aire (la carga y penetración general del Apollo) es tan brutal e intensivo que Roland Gumpert afirmaba de manera firme y contundente sin miedo que el vehículo sería absoluta e impecablemente capaz teórica de circular de forma segura sin despegarse a gran velocidad rodando de modo completamente del revés por y sobre el inmenso y sólido techo abovedado liso en el interior curvado oscuro de un amplísimo túnel aerodinámico siempre y cuando rodara a una velocidad de marcha y empuje constante estable superando ampliamente la altísima barrera de los vertiginosos 306 km/h. La descomunal y aterradora fuerza “hacia abajo” de succión del suelo generada por las líneas de aire y los inmensos sistemas de efecto suelo creados artificialmente (el techo con una gigantesca chimenea “scoop”, el suelo masivo aerodinámico de paneles sellados completos integrales por abajo y un descarado y absurdo y enorme plano o descomunal ala tipo puente colgante aerodinámico de competición masivo atrás fijada a la sólida estructura base) anula por completo mágicamente y compensa de sobremanera y holgadamente y supera al minúsculo pero sólido peso de lastre neto muerto propio natural real total del propio vehículo y motor del hiperauto (que oscila maravillosamente ligero y frugal entre poco menos de 1.100 kg a solo rozar holgadamente escasos unos 1.200 kg escasos verificados según en la báscula y el equipamiento pedido final e insertado), logrando mantener a las colosales ruedas apretadas por un puño contra los baches al pasar en la cima cónica de cada cambio de altitud y rasante sin despegar un solo duro centímetro del firme resbaladizo mojado en lluvia.

Conclusión: Feo pero Demolector en Pista

La brutal y abrumadora combinación asimétrica mágica del enorme e interminable empuje del motor inagotable biturbo Audi (capaz sobradamente y documentadamente oficialmente de pulverizar una tremenda aceleración directa absoluta inicial vertiginosa y asombrosa de 0 a una asombrosa barrera oficial de 100 kilómetros/hora superados fácilmente desde un alto oficial parado inicial cero de unos absurdamente breves e incomprensibles 3.1 exactos y crudos segundos netos y de rozar los casi increíbles topes supersónicos cercanos empujando firmemente los velocímetros casi a incomprensibles 360 km/h puros) combinada fuertemente acoplada unida al masivo y tremendo aplomo pesado pegajoso artificial generado lateral al suelo mediante alerones hicieron de este superdeportivo uno de los hipercoches biplaza exóticos hiper-legales para vía normal de carretera pública más temiblemente y ferozmente letal de paso o récord en asfalto trazado virado técnico europeo cerrado mundialmente conocido del momento en la cerrada comunidad internacional.

Esta supremacía fue expuesta descarada e inequívocamente documentada cuando este mismo “feo” o extraño y cuadrado coche Apollo trituró descaradamente con pasmosa sencillez en la popular emisión y mítica revista en formato programa y test visual del trazado del afamado popular programa o “Show” global mediático de coches inglés histórico, legendario de televisión de fama “Top Gear”. En esta pista y circuito inglés (manejado eufóricamente maravillosamente por su siempre mudo, silente e impasible conductor piloto Stig con casco blanco opaco inconfundible y en funda), asombrosamente arrebató fácilmente sin discusión y arrasó humillando dolorosamente la codiciada, gloriosa corona primera superior oficial de líder aplastante general en primera fila absoluta del récord supremo histórico de toda la exigente famosa pista, estableciendo sin discusiones posibles firmemente el récord absoluto global general y desplazando temporal e inexorablemente cruelmente en aquel entonces de un plumazo de su trono de honor rey de tiempos asfálticos récord al legendario rey reinante en pista de la famosa tabla de puntaje (que era temporalmente en aquellos días y meses dominada nada y más y nada y menos espectacularmente por el entonces inmenso invicto, ligero purísimo e imbatible “Buggati Veyron” dominador intocable reinante del trono de velocidad) logrando sellar a fuego y honor sus tiempos y ganando fama de gigante inalcanzable.