Ford GT (2017): La Aerodinámica Reconvertida en Arma
A diferencia del Ford GT de 2005, que fue concebido como un romántico ejercicio de nostalgia para celebrar el centenario de la marca, el Ford GT de segunda generación (2017) nació de la pura y absoluta obsesión por ganar. Desarrollado en el más estricto de los secretos en un sótano bloqueado de Dearborn (bajo el nombre en clave “Proyecto Silver”), el objetivo corporativo era despiadadamente claro: construir un coche de carreras capaz de ganar las 24 Horas de Le Mans en 2016, exactamente cincuenta años después de la histórica victoria del GT40 original en 1966.
Para lograrlo bajo las reglas de homologación de la clase GTE-Pro de la FIA, Ford necesitaba construir una versión legal para carretera. El resultado fue el Ford GT de 2017: posiblemente el coche de producción estadounidense más avanzado, centrado en el circuito y tecnológicamente denso jamás fabricado. Rompió el molde retro de su predecesor para abrazar la aerodinámica extrema, la fibra de carbono integral y un enfoque radical de reducción de peso.
La Arquitectura de la Lágrima (Teardrop Design)
La característica más definitoria del Ford GT de 2017 no es su motor, sino su asombrosa carrocería esculpida en túnel de viento. La forma fundamental del coche es una perfecta lágrima (la forma más aerodinámicamente eficiente que existe en la naturaleza).
El estrechísimo habitáculo principal (donde el piloto y el copiloto van sentados casi rozándose los hombros) converge bruscamente hacia la parte central trasera. Sin embargo, para mantener el ancho de vía necesario para alojar los masivos neumáticos traseros y la suspensión, los pasos de rueda traseros se diseñaron como pontones independientes (pods).
Para conectar la estrecha cabina central con estos pontones traseros anchos sin arruinar el flujo de aire, Ford diseñó los espectaculares arbotantes (flying buttresses). Estas inmensas estructuras de fibra de carbono en forma de puente no son meros adornos estéticos; cumplen tres funciones vitales:
- Flujo de Aire: Canalizan grandes volúmenes de aire de alta velocidad alrededor del habitáculo y directamente hacia el alerón trasero activo para generar carga aerodinámica masiva (downforce).
- Refrigeración: Actúan como conductos huecos gigantes; albergan las tuberías del intercooler que alimentan los turbocompresores.
- Rigidez Estructural: Conectan sólidamente la sección superior de la bañera de carbono con los robustos bastidores traseros de aluminio, aumentando drásticamente la rigidez torsional del chasis.
La Audaz Decisión del Motor: V6 EcoBoost
Cuando se presentó el prototipo en 2015, la mayor sorpresa para los entusiastas más puristas fue la ausencia de un motor V8 americano debajo de la cubierta trasera de cristal. En su lugar, el GT montaba un aparentemente mundano motor V6 biturbo de 3.5 litros de la familia EcoBoost, derivado vagamente del que utilizaba la furgoneta Ford F-150.
La decisión de abandonar el V8 generó controversia, pero desde el punto de vista de la ingeniería de competición, era impecable y absolutamente necesaria:
- Empaquetado (Packaging): Un motor V8 habría sido demasiado ancho y largo, lo que habría arruinado el afilado diseño en forma de lágrima del habitáculo y habría bloqueado los enormes túneles de aire aerodinámicos (venturi) bajo la carrocería.
- Eficiencia de Combustible: En las carreras de resistencia modernas como Le Mans, poder dar un par de vueltas extra en circuito antes de repostar es a menudo la diferencia entre ganar y perder.
Especificaciones del Motor (Primera Iteración - 2017): A pesar de su humilde origen en pick-ups y sedanes, el V6 EcoBoost del GT fue completamente reelaborado por Ford Performance:
- Bloque de Aluminio: Reforzado para soportar presiones extremas.
- Cárter Seco: Para asegurar la lubricación en curvas con fuerzas G laterales elevadísimas y permitir montar el motor mucho más bajo en el chasis.
- Doble Inyección: Utiliza inyección directa y de puerto (Port & Direct Injection) simultáneamente.
- Resultados: Esta compacta central eléctrica produce unos devastadores 656 CV (482 kW) a 6.250 rpm y 746 Nm de par a 5.900 rpm. Las versiones posteriores (2020+) elevaron esta potencia hasta los 669 CV mediante la instalación de galerías de refrigeración de los pistones y bobinas de encendido de mayor capacidad.
La potencia se envía a las ruedas traseras a través de una agresiva transmisión automática de doble embrague (DCT) de 7 velocidades fabricada por Getrag, integrada en un pesado transeje trasero de aluminio.
La Suspensión: Magia Negra Transformable
Además de su aerodinámica hiperactiva, la otra gran ventaja tecnológica del Ford GT reside en su prodigioso y complicadísimo sistema de suspensión, diseñado desde cero para cambiar drásticamente el carácter del vehículo con el giro de un dial.
El sistema utiliza resortes de barra de torsión y amortiguadores de válvula de carrete dinámicos multimodales (DSSV) fabricados por Multimatic. Pero lo realmente innovador es su Sistema de Altura Variable Activo.
Cuando el conductor gira el selector de modos de conducción del volante a la posición “Track Mode” (Modo Circuito), el coche sufre una transformación violenta que asusta a los transeúntes:
- Caída Libre: El sistema hidráulico expulsa fluido instantáneamente de los resortes principales, haciendo que toda la carrocería se desplome físicamente 50 milímetros (casi 2 pulgadas) en una fracción de segundo.
- Constante Elástica Duplicada: Al bajar la altura, el sistema desactiva uno de los dos muelles helicoidales en cada rueda. El muelle restante tiene una tasa de rigidez mucho mayor, volviendo el coche casi tan rígido como un kart sin suspensión, optimizando el rendimiento de la aerodinámica de efecto suelo.
- Alerón Activo Desplegado: Simultáneamente, el alerón trasero oculto se eleva automáticamente y cambia su ángulo de ataque para atrapar el viento y aplastar las ruedas traseras contra el pavimento.
En el Modo Track, el Ford GT se convierte esencialmente en el mismo coche de carreras GTE que corre en Le Mans, con una tolerancia cero a los baches pero con una capacidad de paso por curva que desafía el sentido común.
La Bañera de Carbono y el Interior “Integrado”
Fiel a su naturaleza de coche de carreras carrozado, el chasis central del GT es una sola y masiva “bañera” de fibra de carbono (tub) en la que se anclan los subchasis de aluminio delantero y trasero. Para minimizar la anchura del habitáculo (y mejorar así el flujo de aire exterior), Ford integró los dos diminutos asientos de competición directamente en la estructura de carbono del suelo. Los asientos no se mueven. Para que el conductor pueda encontrar la posición correcta, es la caja de los pedales y el volante telescópico lo que se mueve hidráulicamente hacia el piloto.
El interior es extremadamente austero, desprovisto de lujo. No hay moquetas, el salpicadero es de fibra de carbono desnuda envuelta en mínima Alcantara para evitar reflejos, y casi todos los controles vitales (limpiaparabrisas, intermitentes, modos de conducción) están integrados en el volante cuadrado, siguiendo una clara filosofía heredada de la Fórmula 1 y las carreras de resistencia.
Rendimiento y Exclusividad Estricta
Con un peso en vacío homologado asombrosamente bajo de aproximadamente 1.385 kg, la relación peso-potencia es la de un hipercoche puro.
- 0 a 100 km/h: Un violento salto en apenas 3.0 segundos (utilizando el agresivo control de lanzamiento o Launch Control).
- Velocidad Máxima: Con el alerón bajado en modo V-Max (modo de baja resistencia aerodinámica), el GT perfora el aire hasta alcanzar los 347 km/h (216 mph).
Pero lo más notable del Ford GT (2017) fue su estratosférico nivel de exclusividad y el draconiano proceso de selección de compradores. Ford anunció inicialmente una producción total de solo 1.000 unidades (ampliada posteriormente a 1.350). Sin embargo, no podías simplemente entrar en un concesionario Ford y comprar uno, sin importar cuánto dinero tuvieras.
Los interesados debían enviar una “solicitud de empleo” formal a Ford, detallando cuántos modelos de la marca poseían, cuántos seguidores tenían en redes sociales y demostrando que realmente conducirían el coche (y no lo esconderían en un garaje climatizado para especular con su valor). Además, los afortunados seleccionados (que debían abonar unos 500.000 dólares de precio base) estaban obligados por contrato a no revender el vehículo durante al menos dos años, una cláusula que llevó a Ford a entablar famosas y agresivas demandas legales contra celebridades como el actor John Cena cuando intentaron burlar esta prohibición.
Conclusión: Misión Cumplida
El Ford GT de 2017 no fue diseñado para ser el coche más cómodo para cruzar continentes, ni para tener el maletero más grande (esencialmente inexistente), ni siquiera para ser el mejor en carreras de semáforo a semáforo gracias al lag inicial de sus grandes turbos.
Fue diseñado exclusivamente como un bisturí aerodinámico de alta precisión para recuperar la gloria en las 24 Horas de Le Mans de 2016, 50 años después del famoso triplete del GT40. Y logró exactamente eso, ganando la clase GTE-Pro en el debut del coche. Como subproducto de esa obsesión por la victoria, el mundo obtuvo uno de los hipercoches más exóticos, intransigentes y espectaculares jamás producidos fuera de los dominios europeos.