Ferrari 599 SA Aperta: El GTO Oculto a Plena Vista
En la cima del competitivo y elitista reino moderno del coleccionismo de automóviles de Ferrari, los vehículos más codiciados, valorados y buscados desesperadamente por los inversores rara vez son los más llamativos o aquellos cargados de gigantescos alerones y calcomanías de carreras. Por el contrario, las piezas verdaderamente “blue-chip” (de máximo valor seguro) suelen ser aquellas raras y sutiles máquinas que logran la hazaña mágica de combinar el estilo elegante, sobrio e inofensivo de un dócil Gran Turismo con el tren motriz violento, intransigente, ruidoso y centrado en la pista de una edición especial hiper-limitada. Es la filosofía del “lobo con piel de cordero” elevada a su máxima expresión financiera.
Presentado por sorpresa bajo los focos del Salón del Automóvil de París en 2010, el Ferrari 599 SA Aperta es, posiblemente, la encarnación más perfecta y literal de esta misma filosofía en el siglo XXI. Para la gran mayoría del público no iniciado o para el ojo poco entrenado, este vehículo podría pasar perfectamente por un elegante y estándar 599 GTB Fiorano al que simplemente un carrocero le ha cortado cuidadosamente el techo de aluminio.
Sin embargo, la realidad de ingeniería subyacente es inmensamente más oscura, malvada y fascinante. El SA Aperta es, mecánica, estructural y esencialmente, una variante descapotable (convertible) del aterrador, temperamental y ultra-rígido Ferrari 599 GTO de circuito, escondiendo magistral y secretamente bajo su largo e inmaculado capó delantero exactamente el mismo motor V12 derivado directamente de la competición (programa 599XX), capaz de escupir 670 caballos de vapor.
El automóvil no fue encargado y construido a mano por un capricho corporativo o para llenar un vacío en las ventas. Fue concebido, aprobado y fabricado específicamente como un romántico y sentido homenaje de Maranello para celebrar el prestigioso 80º aniversario de la fundación de la más legendaria de todas las casas de diseño italianas: Pininfarina. Las singulares letras “SA” incrustadas en el nombre oficial del coche no son siglas técnicas; rinden un tributo personal directo a Sergio y Andrea Pininfarina, el ilustre padre y su talentoso hijo (quien trágicamente falleció antes del lanzamiento del coche), cuya increíblemente estrecha, íntima y casi simbiótica relación laboral e histórica con Enzo Ferrari y la cúpula de Maranello definió de manera casi exclusiva la icónica estética visual y el lenguaje de diseño de los coches de calle de Ferrari durante más de medio siglo. La palabra “Aperta”, por supuesto, simplemente significa “Abierto” en la romántica lengua italiana.
El Corazón Termodinámico: Los 670 CV del GTO a Cielo Abierto
El gran y oscuro secreto que define el valor y el carácter letal del SA Aperta se esconde plácidamente en el vano motor de aluminio. En lugar de optar por la vía económica y utilizar el ya excelente y dócil motor V12 de 620 caballos de fuerza que equipaba normalmente el pacífico 599 GTB estándar de gran producción, los intransigentes ingenieros de Ferrari tomaron la audaz decisión de trasplantar, de forma directa y sin filtros restrictivos, la absolutamente última, más radical y más salvaje iteración atmosférica de ese bloque. Extrajeron e instalaron la mismísima unidad de potencia que había sido desarrollada, aligerada y reforzada con un enorme coste exclusivamente para el temido 599 GTO de techo rígido (un motor que, a su vez, era un descendiente genético directo del estridente coche de carreras no homologable 599XX).
Este inmenso motor V12 de 6.0 litros (5.999 cc) de aspiración natural, bautizado en los laboratorios de Maranello como el Tipo F140 C, produce en el Aperta una cifra de potencia verdaderamente monumental y aterradora de 670 caballos de vapor (CV) / 661 hp, alcanzando su pico agudo en unas gritadoras 8.250 rpm, y entregando una fuerza de par constante y aplastante de 620 Nm (457 lb-ft) a 6.500 rpm.
Pero el mero dato estadístico no hace justicia a la realidad. Debido al hecho estructural fundamental de que el SA Aperta carece por completo de un techo fijo de metal o cristal, la experiencia auditiva y emocional de ir a bordo y pisar a fondo este hiperactivo motor F140 se transforma de una forma física y fundamental.
En un 599 GTO normal, el sonido ensordecedor rebota y reverbera dentro de la estrecha cabina cerrada de carbono. En el SA Aperta, sin un pesado techo encima de tu cabeza que bloquee, filtre, aísle o refleje el rugido hacia afuera, el piloto y el asustado pasajero se ven completa, violenta y expuestamente envueltos de inmersión total en la pura violencia mecánica, los clics de las válvulas, el zumbido de los engranajes y la furia rotacional del masivo V12 de aluminio respirando justo delante del parabrisas.
Todo el complejo sistema de escape trasero —que también fue afortunadamente robado y trasplantado directamente del ruidoso GTO y no del silencioso GTB— cuenta con las mismas válvulas de derivación (bypass valves) que se abren de golpe de forma agresiva en función del acelerador y de las altas rpm, liberando al viento un chillido agudo, metálico y penetrante (metallic shriek) de pura raza de 12 cilindros que a menudo es considerado, votado y venerado por audiófilos automotrices de todo el mundo como uno de los sonidos automovilísticos modernos más espectaculares, aterradores y hermosos jamás producidos legalmente en la historia.
El Chasis: Rigidizando un Roadster de 670 CV
En el frío y despiadado campo de la ingeniería automotriz, tomar la sierra radial y amputar bruscamente el resistente techo metálico estructural de un pesado superdeportivo Gran Turismo equipado con un masivo motor V12 en el morro suele resultar instantáneamente en una catástrofe dinámica. Causa una drástica y dolorosa pérdida de la rigidez estructural y torsional del chasis, lo que a su vez provoca que el marco del vehículo se doble y vibre visiblemente al pasar por baches (un fenómeno muy temido conocido en la industria como scuttle shake o “vibración del capó”) y, en última instancia, arruina gravemente y compromete de forma letal el manejo, la precisión y el comportamiento dinámico general del coche en curvas rápidas.
Sabiendo que sus exigentes clientes no tolerarían un coche “blando” o tembloroso, los ingenieros de chasis de Ferrari hicieron un esfuerzo extraordinario, largo y carísimo para asegurar que la integridad del vehículo fuera perfecta. Se aseguraron obsesivamente de que el pesado SA Aperta sin techo se comportara, manejara y sintiera en pista de manera casi idéntica, rígida y precisa a una agresiva berlinetta de techo rígido. Reforzaron extensivamente, rediseñaron por completo e inyectaron más metal en la arquitectura del chasis espacial de aluminio original, engrosando y ensanchando de forma muy visible y obvia los prominentes umbrales laterales (door sills) donde los ocupantes deben pisar al entrar, y añadiendo pesados paneles de refuerzo diagonal cruzado (bracing) alrededor de la zona clave del mamparo cortafuegos trasero (bulkhead). Sorprendentemente, y gracias al talento de la fábrica, a pesar de añadir todas estas pesadas y voluminosas estructuras de refuerzo de aluminio bajo la piel, el SA Aperta terminado pesaba en la báscula final solo un margen de unos pocos y escasos kilogramos más que el estándar y ligero 599 GTB de techo cerrado original.
En términos de suspensión, Ferrari tomó la decisión correcta. Los amortiguadores se ablandaron y reajustaron ligeramente de fábrica (en comparación directa con los muelles brutalmente rígidos, incómodos y enfocados al asfalto de circuito del 599 GTO puro) para adaptarse y encajar mejor con la filosofía más civilizada, cómoda y de turismo abierto (Grand Touring) que se espera al conducir bajo el cálido sol de la Costa Azul. Sin embargo, el SA Aperta seguía contando orgullosamente en su arsenal tecnológico con el avanzadísimo sistema de amortiguación activa y controlada electrónicamente SCM2 (magnetoreológica), junto con una cremallera de dirección altamente agresiva y reactiva.
Para poner la potencia sobre el asfalto, el coche utiliza el mismo y crudo software de la implacable transmisión manual automatizada de la época, la caja de 6 velocidades de un solo embrague apodada “F1 Superfast”, que en el modo correcto es agresivamente capaz de ejecutar todos y cada uno de los cambios de marcha ascendentes propinando un violento e inolvidable impacto físico y un tirón en la nuca del pasajero en unos casi imposibles 60 milisegundos.
Diseño Minimalista, Agresión Oculta y el Polémico “Techo de Emergencia”
El trabajo de diseño final del exterior del SA Aperta, supervisado por la propia firma Pininfarina a la que homenajeaba, es una lección maestra y un excelente ejercicio de moderación italiana, modificación sutil y elegancia atemporal.
- El Parabrisas Tenso: Para dar una sensación visual instantánea y drástica de velocidad e inercia incluso estando aparcado, todo el robusto pilar A y el gran parabrisas frontal de cristal fueron rebajados en altura y fuertemente inclinados (raked back) en un ángulo aerodinámico muchísimo más pronunciado y cerrado que en el 599 GTB base que el dueño medio podía comprar en el concesionario. Esto le otorga a este One-Off descapotable un perfil inmensamente más agresivo, aplastado contra el suelo y aerodinámico en su visión de perfil lateral.
- Los Contrafuertes Voladores (Buttresses): Situados justo e inmediatamente detrás de los pesados reposacabezas de los dos únicos y hermosos asientos deportivos, se erigen dos exquisitos y afilados contrafuertes (arcos) voladores. Esta pieza de escultura funcional (un rasgo inconfundible de diseño de Ferrari) no solo integra muy hábil e imperceptiblemente los duros sistemas de protección estructural metálica en caso de vuelco grave para proteger los cuellos de los pasajeros (roll-over protection), sino que también están diseñados en el túnel de viento para atrapar y canalizar sin esfuerzo el flujo del aire sucio de la cabina directa y limpiamente hacia el minúsculo alerón trasero de forma sutil.
- El Morro Devorador: El rediseñado parachoques de la fascia frontal incorpora discretamente unas masivas tomas de aire laterales y centrales ensanchadas (un requerimiento térmico obligatorio e ineludible exigido por los ingenieros para poder suministrar suficiente aire gélido para intentar enfriar el voraz y enorme motor de 670 caballos del GTO bajo altas exigencias y estrés mecánico de uso continuo), y la parrilla principal frontal se terminó bellamente por primera vez en un único, brillante y llamativo patrón de matriz metálica trenzada en color plateado, en clara contraposición a la aburrida y oscura malla plástica negra utilizada en toda la restante alineación estándar de Ferrari.
La solución oficial ideada por los ingenieros italianos para resolver el siempre peliagudo y engorroso problema y compromiso del “techo” (roof) del SA Aperta resultó ser, cuanto menos, drástica, curiosa e históricamente polémica, requiriendo un espíritu valiente por parte del comprador para lidiar con él.
La fábrica de Ferrari emitió comunicados estableciendo de forma explícita y categórica a sus ricos clientes que la filosofía fundacional y el concepto central del coche era y dictaminaba rotundamente que había sido concebido y diseñado exclusiva e íntegramente para ser conducido eternamente y en su totalidad a cielo abierto, sin restricciones y de forma obligatoria siempre con el techo bajado.
Por este tozudo y romántico motivo italiano, en el SA Aperta no existe ningún rastro físico de un pesado, lento y engorroso techo duro retráctil metálico (folding metal hardtop) al estilo del moderno California, ni tampoco hay oculto ningún complejo mecanismo de motores eléctricos y engranajes pesados necesarios para desplegar una capota de lona tradicional y estanca.
En lugar de todo eso, el prohibitivo automóvil de siete cifras se entregaba al desconcertado y frustrado propietario simplemente con una minúscula pieza barata de tela de lona tensada separada y plegada, de instalación increíblemente manual, precaria, molesta, física y lenta que Ferrari misma (en un raro arranque de sinceridad corporativa) se dignaba a calificar tímidamente y de manera oficial en su propio manual de usuario del vehículo como un mero “techo de emergencia”. La estricta indicación de fábrica era que esta precaria lona estaba destinada y diseñada para ser armada apresuradamente solo si y exclusivamente en el molesto e imprevisto caso excepcional de que el multimillonario y desafortunado conductor fuera sorprendido inesperadamente lejos de casa en plena y repentina tormenta de lluvia torrencial, advirtiendo severa y explícitamente en el parasol del coche que esa débil lona estaba legal y aerodinámicamente certificada para ser utilizada por seguridad a velocidades de crucero que no sobrepasaran y estuvieran capadas por debajo de un máximo ridículo de apenas 130 km/h (80 mph). De manera posterior y muy rentable, la marca ofreció amablemente un muy duro y bellísimo panel de techo rígido entero (hardtop) de fibra de carbono real desmontable como una opción añadida extra de fábrica, la cual resultó ser, previsible e increíblemente… cara.
La Promesa de la Exclusividad Blindada y Absoluta
Debido en gran parte al profundo peso histórico de la ocasión que motivaba su existencia (la efemérides y celebración dorada del 80º aniversario de la fundación de Pininfarina), Ferrari garantizó, prometió de forma férrea y limitó contractualmente, de forma explícita y de cara al registro notarial público, la escasísima producción total del SA Aperta en las instalaciones de Maranello a un número y volumen preciso, redondo, exacto y minuciosamente calculado de únicamente 80 unidades fabricadas para ser distribuidas por todas las geografías y rincones de todo el mercado global.
La historia de su venta es un reflejo de la locura del mercado. Unos meses previos antes de su grandiosa y mediática revelación pública en el famoso Salón de París, Ferrari envió exclusivas invitaciones cerradas, seleccionó a dedo en su base de datos de lealtad e invitó en estricto secreto a 80 de sus más queridos, adinerados, fanáticos y leales clientes VIP a una exclusiva presentación (private viewing) privada y a puerta cerrada del modelo secreto. De forma tan esperable, ruidosa y predecible como aburrida en este cerrado mundo de milmillonarios, las 80 unidades de la totalidad de todos los coches que se iban a producir fueron señaladas y vendidas por completo mediante la entrega de suculentos depósitos bancarios de reserva al instante, meses y muchísimo tiempo antes de que el público general de la calle o la prensa mundial hubieran podido tan siquiera admirar visualmente una sola fotografía parcial o un mísero bosquejo borroso del vehículo en las revistas del sector automotor.
El asombroso y sumamente coleccionable Ferrari 599 SA Aperta sigue erigiéndose hasta la fecha como el coche de producción de la marca del Cavallino que se puede clasificar como el ejemplo máximo, definitivo e intocable de la esnob y excluyente subcultura del hiper-automovilismo contemporáneo del lema de: “solo si lo sabes, lo entiendes” (if you know, you know).
Al carecer intencionadamente de los inmensos, masivos y ensanchados guardabarros traseros, de los ostentosos y agresivos alerones y, en suma, de la ruidosa agresión visual que domina indudablemente al salvaje 599 GTO, su elegante apariencia descapotable más dócil le permite al propietario transitar tranquilamente, y fundirse con un tráfico urbano lento de Mónaco o Los Ángeles sin ser molestado, pasando desapercibido casi por completo a los ojos del profano inexperto. Y, sin embargo, y de manera sublime, un solo movimiento repentino, un simple y brusco giro del tobillo y la tensión y flexión brusca de los músculos de la bota del pie derecho del piloto contra la dura placa de aluminio del pedal del acelerador es el único requisito físico, brutal y violento necesario exigido por la máquina para lograr despertar, desatar inmediatamente y liberar toda la aterradora furia de los 670 caballos en estampida furiosa de un enorme y asombroso motor V12 de alta revolución que literalmente derivó en herencia directa de las carreras oscuras y secretas del asfalto cerrado del programa FXX en los templos del automovilismo como Le Mans. Es una asombrosa y exquisita obra maestra en el arte sutil de la ingeniería secreta de doble personalidad dividida (dual-personality engineering) y, quizás más importante desde un punto de vista cultural, se erige con inmenso orgullo como un absolutamente inmejorable, elegante y poético tributo de metal en constante movimiento y sonoro ruido a la irrepetible y brillante dinastía legada por la famosa y artística casa Pininfarina en la historia del motor de combustión en la bella y apasionada Italia a lo largo de décadas doradas ininterrumpidas de creación.