De Tomaso

P72

De Tomaso P72: La Máquina del Tiempo Perfecta y el Arte del Retro-Futurismo

En una industria actual frecuentemente obsesionada de forma clínica y gélida con exprimir la última décima de segundo en los circuitos o en la implacable carrera tecnológica hacia la electrificación total, a veces el corazón del aficionado anhela algo diferente. La histórica y legendaria marca italiana De Tomaso, mundialmente reverenciada y famosa en las décadas de los 70 y 80 por crear iconos brutales como el De Tomaso Pantera o el Mangusta, ha regresado triunfalmente de entre los muertos tras décadas de doloroso letargo y fallidos intentos de resurrección.

Este milagroso retorno a la vida ha sido orquestado cuidadosamente y financiado por Ideal Team Ventures (ITV), exactamente el mismo astuto y apasionado consorcio empresarial y equipo directivo responsable del salvaje éxito del hiperdeportivo Apollo Intensa Emozione (IE).

El flamante vehículo de relanzamiento y carta de presentación (halo car) para la nueva era de la resucitada marca se denomina De Tomaso P72. Sin embargo, en lugar de mirar obsesivamente hacia el futuro y crear una nave espacial digital, los diseñadores miraron por el retrovisor. El P72 es un asombroso, profundamente romántico y descarado tributo de alta costura al malogrado e histórico De Tomaso P70, un ambicioso pero fallido proyecto de coche deportivo de carreras (sports racer) de la década de 1960 que nació de una tumultuosa y finalmente abortada asociación técnica entre el temperamental fundador de la marca, el argentino Alejandro de Tomaso, y la mismísima leyenda estadounidense del motor, Carroll Shelby (un proyecto diseñado originalmente por Peter Brock que finalmente no llegó a prosperar por choques de egos).

En la actualidad, desde el momento mismo en que el velo cayó sobre él en el Goodwood Festival of Speed de 2019, el De Tomaso P72 ha sido amplia y unánimemente aclamado por periodistas del motor, diseñadores industriales y acaudalados coleccionistas como uno de los automóviles individuales más increíblemente hermosos, esculturales y visualmente deslumbrantes jamás creados en toda la era moderna de la automoción.

Diseño Exterior: Curvas Peligrosas de los 60 sobre Carbono Moderno

El diseño de la inmaculada carrocería exterior, firmado por el joven y talentoso diseñador Jowyn Wong, es una carta de amor sin disculpas ni restricciones a los exóticos y fluidos prototipos que dominaron y definieron estéticamente la edad de oro de las 24 Horas de Le Mans en la década de los 60.

  • Voluptuosidad Escultural: El coche rechaza frontalmente la actual y afilada tendencia imperante en el diseño de hiperdeportivos de plagarse de agresivos divisores (splitters), múltiples apéndices aerodinámicos, enormes y antiestéticos alerones traseros fijos (wings) y cientos de falsas tomas de aire plásticas (fake vents). En lugar de ese caos visual de ángulos rectos, la forma del P72 es pura poesía líquida en movimiento. Presenta pasos de rueda (fenders) asombrosamente abultados y dramáticamente voluptuosos, una hermosa y redondeada cúpula de cristal central tipo burbuja (glass canopy bubble) inspirada directamente en la aviación antigua que se funde perfectamente con el techo, y exquisitos detalles pulidos en oro rosado y cobre cálido. Cada centímetro de su tensa superficie parece haber sido moldeado y acariciado por el propio viento durante décadas en lugar de haber sido fríamente calculado en una pantalla CAD.
  • El Esqueleto del Apollo IE: Sin embargo, sería un grave y peligroso error asumir, basándose únicamente en su hermosa apariencia “vintage”, que el P72 es simplemente un nostálgico coche clásico y tecnológicamente blando. No lo es en absoluto. Debajo de esa embriagadora y delicada piel de inspiración retro, acecha un esqueleto hiper-rígido y ferozmente moderno: el coche está construido exactamente sobre el mismo monocasco de fibra de carbono (carbon fiber tub) de grado aeroespacial diseñado, probado bajo las más estrictas normas de seguridad (FIA LMP safety tech) y utilizado exitosamente en el hiperdeportivo de millones de dólares, el Apollo Intensa Emozione (IE). Esencialmente, es tecnología de choque de un Prototipo de Le Mans del siglo XXI magistralmente oculta bajo un elegante vestido de gala de los años sesenta.

El Motor: La Herencia Inquebrantable del ‘Muscle’ Americano

Fiel de manera inquebrantable y casi obstinada a la histórica y exitosa receta fundacional que definió la identidad de la marca De Tomaso desde sus inicios (instalar ruidosos, fiables y brutales motores estadounidenses en el interior de hermosas, frágiles y esculturales carrocerías exóticas italianas, como se hizo célebremente en el Vallelunga, Mangusta y Pantera), el nuevo P72 rechaza utilizar un delicado, frágil y costoso motor V12 europeo de altas revoluciones.

  • El Corazón de Detroit: Fiel a sus profundas raíces transatlánticas, la fuerza motriz que late en la espalda del piloto proviene directamente de las duras calles de Detroit. El P72 está impulsado por un probado y robusto motor V8 de 5.0 litros de la familia Ford ‘Coyote’.
  • Afinación de Roush: No obstante, este V8 de Mustang no se instaló de serie. Fue enviado a los legendarios talleres del prestigioso preparador y equipo de carreras estadounidense Roush Performance para someterse a una profunda modificación “in-house”. Al instalarle encima un inmenso y moderno sobrealimentador volumétrico (Supercharger) tipo Roots y optimizar profundamente sus componentes internos para soportar mayor compresión y evitar el sobrecalentamiento, este histórico V8 americano es capaz de producir ahora de manera muy fiable y consistente unos formidables 700 caballos de vapor (CV) y una devastadora fuerza de torsión (par motor) de 825 Nm (608 lb-ft).
  • La Banda Sonora: El resultado auditivo de esta extraña pero maravillosa hibridación cultural es un asalto a los sentidos. El P72 no aúlla con el tono agudo y tenso de un Ferrari; no, el P72 ruge profunda, rítmica y amenazadoramente al ralentí como un puro y duro coche ‘stock’ de la NASCAR V8 encendido. Cuando se presiona a fondo el pesado pedal del acelerador de aluminio en las vías públicas, el característico, persistente y agudo gemido industrial (whine) del enorme supercargador tragando aire a presión complementa de manera casi cómica, pero absolutamente perfecta y visceral, el profundo y atronador retumbo de graves (rumble) clásico e inconfundible que escupen los enormes tubos de escape dobles superiores inspirados en los prototipos de carreras.

El Interior: Caminando Dentro de una Joyería Mecánica

Si el glorioso exterior del coche atrae irresistiblemente todas y cada una de las miradas de los transeúntes, es innegable que el habitáculo interior del P72 es la verdadera e indiscutible estrella del espectáculo visual; un santuario del exceso artesanal donde cada elemento ha sido obsesivamente diseñado para abrumar los sentidos táctiles del propietario.

  • Materiales Dignos de la Realeza: Al abrir las esbeltas y ligeras puertas de carbono con forma de alas de gaviota invertidas, el conductor no se encuentra con las típicas y aburridas y omnipresentes pantallas táctiles rectangulares, los fríos y oscuros plásticos negros de piano o los recubrimientos sintéticos que plagan los coches modernos. El interior del P72 es, a todos los efectos visuales y táctiles, una caja de joyas o un instrumento de medición antiguo. Está recubierto en su práctica totalidad y sin pudor por resplandecientes acentos pulidos en metales nobles como el cobre cálido, bronce y oro rosado, combinados de forma magistral con extensas áreas tapizadas meticulosamente en suave e inmaculado cuero italiano con clásicos y elegantes patrones acolchados en forma de diamante (diamond-quilted). Los hermosos y funcionales indicadores analógicos redondos incrustados en el salpicadero y frente al piloto están diseñados de forma intrincada y retroiluminados cálidamente para parecerse, más que a instrumentos de un automóvil, a los carísimos e intrincados movimientos (tourbillons) de los relojes suizos de alta complicación y de la más alta y prohibitiva relojería.
  • El Selector de Marchas (The Shifter): En un nuevo y elogiado triunfo del romanticismo automovilístico y mecánico sobre la fría eficiencia digital de los microchips, el P72 se ofrece y se entrega a los afortunados clientes exclusivamente con una caja de cambios manual de 6 velocidades equipada con su obligatorio e innegociable tercer pedal para el embrague. Pero lo verdaderamente asombroso no es solo la mecánica, sino su presentación visual. Fiel a la inspiración paganesca del diseño interior, el complejo, hermoso e intrincado varillaje mecánico interno (linkage) de la caja de cambios manual no fue ocultado vergonzosamente bajo un soso capuchón de cuero. Por el contrario, ha sido expuesto y exhibido deliberadamente, desnudo y glorioso a través de un canal abierto tallado en el centro de la consola central, permitiendo al fascinado conductor y pasajero observar físicamente cómo se mueven, encajan y chocan mágicamente las lustrosas varillas de metal con cada cambio de marcha insertado, convirtiendo el simple acto de pasar de segunda a tercera marcha en una experiencia interactiva y en una obra de arte y escultura puramente funcional.

Exclusividad Asequible (Relativamente Hablando)

Demostrando un fuerte sentido del marketing histórico y para salvaguardar celosamente su aura mística de exclusividad mundial a largo plazo para sus clientes, la firma De Tomaso garantizó contractualmente desde el día uno que la producción del exquisito P72 estaría total, firme e inamoviblemente limitada a exactamente (y de forma previsible) 72 unidades construidas a mano para todo el mundo.

En el momento de su sonada revelación en los jardines de Goodwood, el precio de venta inicial base (antes de las innumerables opciones de personalización, gastos de entrega o los prohibitivos impuestos locales que añadirán los futuros clientes) se anunció en un punto de partida estimado en torno a los 750.000 euros.

Si bien es innegable que se trata de una cantidad de dinero asombrosamente grande y astronómica para el común de los mortales por un simple vehículo biplaza, dentro del absurdamente inflado y desconectado mercado actual y de élite de los “hiperdeportivos” ultra-exclusivos, la cifra resultaba ser sorprendentemente y agradablemente “asequible” (o al menos justificable) cuando se comparaba directamente con las asfixiantes etiquetas de precios iniciales (que superan habitualmente con facilidad y soltura la barrera de los 3 millones de dólares de base) exigidos por fabricantes boutique establecidos y rivales como los estratosféricos Pagani, los tecnológicos Koenigsegg o los insuperables Bugatti, sobre todo si se sopesa equitativamente y se tiene en cuenta el excepcional nivel insuperable y ridículamente alto de pura artesanía a medida (bespoke craftsmanship), diseño histórico sin compromisos, chasis de grado Le Mans y el aura única de obra de arte que ofrece cada P72 fabricado.

En conclusión, el magnífico De Tomaso P72 sirvió para demostrar de forma empírica y contundente a toda la apática industria del motor que, para ser considerado verdaderamente excepcional, único en la vida y memorable, un hiperdeportivo no necesita obsesionarse patológicamente con batir inalcanzables récords mundiales de velocidad punta ni necesita desesperadamente emparejar motores de combustión con pesadas baterías para poder producir inútiles y peligrosos 2.000 caballos de vapor imposibles de disfrutar y usar en una vía pública. El P72 demostró majestuosamente que, en el corazón del aficionado, a veces lo único que realmente se necesita desesperadamente es devolverle al automóvil el romance perdido, el encanto innegable de tres pedales, el sonido visceral del V8 americano puro, una silueta que parezca besada por el aire de los 60 y, sencillamente, un estilo que no tenga rival posible.