Aston Martin

One-77

Aston Martin One-77: El Arte Escultural del Exceso Automovilístico

Corría el año 2008 y la ilustre marca británica Aston Martin se encontraba atravesando un periodo de transición histórica y profundamente incierto. Después de más de una década bajo el inmenso y protector paraguas corporativo de la Ford Motor Company (durante la llamada era del Premier Automotive Group), la compañía de Gaydon acababa de ser vendida a un consorcio de inversores liderado por el astuto y carismático David Richards, fundador del gigante del automovilismo Prodrive.

En este nuevo y vulnerable escenario de independencia financiera, la directiva de Aston Martin necesitaba desesperadamente enviar un mensaje rotundo e inequívoco al mundo del motor. Necesitaban demostrar más allá de toda duda razonable que, libres de las restricciones presupuestarias y burocráticas de Detroit, eran una marca ferozmente independiente, audazmente ambiciosa y, sobre todo, que poseían la capacidad técnica y artística para diseñar y construir, sin hacer ningún tipo de concesión, el mejor automóvil del planeta.

El asombroso e inolvidable resultado de esta imperiosa necesidad de autoafirmación corporativa fue desvelado inicialmente como una maqueta envuelta en misterio en el Salón del Automóvil de París, y finalmente presentado al mundo como el Aston Martin One-77.

Arte Estructural: Monocasco de Carbono y Piel de Aluminio

Desde el primer momento de su concepción, el One-77 no fue diseñado para competir directamente contra la descarnada brutalidad de un Bugatti Veyron ni contra la precisión clínica de un Ferrari Enzo en un circuito. Fue ideado como algo completamente distinto: una obra maestra rodante de ingeniería y artesanía clásica.

El núcleo estructural del One-77 es un monocasco de fibra de carbono (carbon fiber tub) fabricado íntegramente a medida, desarrollado en colaboración con los especialistas canadienses de Multimatic. Esta avanzada estructura tipo bañera es asombrosamente ligera y proporciona una rigidez torsional inmensa, comparable a la de los prototipos de Le Mans. Sin embargo, a diferencia de fabricantes como McLaren o Ferrari, que a menudo esconden sus estructurales monocascos de carbono bajo gruesas capas de alfombrillas, paneles de cuero insonorizados o plásticos interiores genéricos, el equipo de diseño de Aston Martin, liderado por Marek Reichman, tomó la decisión consciente de exhibir la fibra de carbono cruda como un elemento estético central.

  • Carbono a la Vista: Al abrir las espectaculares e inmensas puertas del coche (que se abren ligeramente hacia arriba en un ángulo que la marca denomina “Swan Doors” o puertas de cisne), grandes y expuestas secciones de la intrincada estructura de carbono tejida quedan deslumbrantemente a la vista del afortunado conductor, telegrafiando inmediatamente la naturaleza hiper-exótica de la construcción del vehículo.

  • Aluminio Laminado a Mano: Pero la verdadera magia reside en lo que envuelve a ese núcleo espacial de carbono. En una época en la que todos los hiperdeportivos de la competencia recurrían a la fibra de carbono para sus paneles exteriores por razones de peso y facilidad de moldeado, Aston Martin tomó una decisión deliciosamente anacrónica y romántica: la carrocería exterior del One-77 está formada casi en su totalidad por paneles de aleación de aluminio. Lo que hace que este proceso sea verdaderamente extraordinario es que estos enormes y complejos paneles no fueron estampados fríamente por gigantescas prensas hidráulicas industriales automatizadas. Fueron, literalmente, laminados, moldeados y estirados a mano por artesanos ingleses altamente cualificados utilizando una tradicional y laboriosa máquina conocida como la “Rueda Inglesa” (English Wheel), la misma técnica intensiva en mano de obra utilizada décadas atrás para curvar los fuselajes de los legendarios aviones de combate Supermarine Spitfire durante la Segunda Guerra Mundial.

  • Carrocería Sin Costuras: El resultado de este inmenso esfuerzo humano es una carrocería sin fisuras. Por ejemplo, los gigantescos guardabarros delanteros (front fenders) son piezas únicas, inmensas y continuas de aluminio sólido que fluyen sin interrupción desde el borde exterior de los faros delanteros hasta el comienzo de las puertas, sin una sola y vulgar línea de corte (cut-line) que arruine la fluidez del diseño. Este nivel extremo de complejidad tridimensional y pureza de líneas es física y financieramente imposible de lograr mediante los métodos convencionales de estampado de metal de producción en masa.

El Corazón Mecánico: 7.3 Litros de Gloria Atmosférica

Si la carrocería del One-77 es una obra de arte visual, lo que se esconde bajo su alargado capó esculpido es una obra maestra termodinámica y acústica que pasará a la historia. Aston Martin tomó su ya venerable y probado bloque motor V12 de 6.0 litros (que impulsaba modelos como el DB9 y el DBS V12) y lo envió directamente a las legendarias instalaciones de Cosworth, los genios británicos de los motores de Fórmula 1 y del campeonato del mundo de rallyes (WRC).

El encargo de Aston Martin a Cosworth fue claro y temerario: extraigan hasta el último ápice de potencia, par motor y respuesta posible de esta arquitectura, sin recurrir a la sobrealimentación por turbocompresores. Querían pureza atmosférica absoluta.

  • Cilindrada Monstruosa: Los magos de Cosworth desarmaron el motor por completo. Aumentaron el diámetro de los cilindros (bored) y la carrera de los pistones (stroked) hasta llevar la cilindrada total a unos absurdos y gloriosos 7.3 litros (7.312 cc).

  • Dieta Estricta de Peso: A pesar de haber aumentado enormemente el tamaño interno y el desplazamiento del motor, Cosworth logró lo aparentemente imposible. Gracias al uso extensivo de componentes internos de altísima tecnología derivados directamente de la Fórmula 1, metales exóticos y mecanizados de precisión microscópica, el nuevo motor de 7.3L terminó siendo un asombroso 10% más ligero en la báscula que el bloque original de 6.0L del que derivaba.

  • Potencia Devastadora: El resultado de este exhaustivo y carísimo programa de desarrollo es una potencia declarada de unos aterradores 760 caballos de vapor (CV) / 750 bhp y un par motor capaz de alterar la rotación terrestre de 750 Nm (553 lb-ft), disponible a través de una amplísima banda de revoluciones.

  • El Récord Mundial: En el momento preciso de su lanzamiento oficial al mercado, este prodigio mecánico desarrollado por Cosworth ostentaba el prestigioso título de ser el motor de producción atmosférico (naturally aspirated) más potente jamás construido en la historia del automóvil, superando a colosos como el V12 del Ferrari Enzo o el V10 del Lexus LFA. Conservó este envidiable título durante más de una década, hasta que finalmente fue destronado por otro vehículo de la propia Aston Martin: el radical hiperdeportivo de circuito (pero legal para calle) Aston Martin Valkyrie y el ultra-exclusivo Victor. El sonido que emite este monstruo de 7.3 litros a través de sus escapes recubiertos de cerámica es un aullido de furia de doce cilindros que pone los pelos de punta y que, una vez escuchado a pleno pulmón, es imposible de olvidar.

Suspensión “Inboard”: Ingeniería de Carreras Expuesta

El espectáculo mecánico no termina en el propio bloque del motor. Al levantar el masivo y pesado capó delantero, la vista que recibe al afortunado propietario no es solo la de unos majestuosos colectores de admisión gemelos de fibra de carbono. Inmediatamente detrás del motor, montado de forma increíblemente baja y retrasada en el chasis delantero, se encuentra a la vista de todos el complejo sistema de suspensión delantera del vehículo.

El One-77 emplea una configuración de amortiguadores y muelles completamente inspirada en los monoplazas de competición y en los prototipos de Le Mans. En lugar de estar montados verticalmente dentro de los pasos de rueda como en un coche de calle convencional, los revolucionarios amortiguadores DSSV (Dynamic Suspension Spool Valve), fabricados por los especialistas canadienses de Multimatic, están montados horizontalmente (en posición “inboard” o interior) sobre la estructura del chasis. Estos amortiguadores son accionados de forma remota por un intrincado y hermoso sistema de brazos de palanca o varillas de empuje (pushrods) conectados a las ruedas. Esta misma tecnología puntera de amortiguación DSSV es la que dominó el brutal campeonato alemán de turismos (DTM) y la Fórmula 1.

Estos amortiguadores son mecánicamente ajustables en múltiples vías para rebote y compresión, permitiendo a los ingenieros de Aston Martin afinar la configuración de la suspensión de cada uno de los 77 coches exactamente al estilo de conducción, circuito habitual o carretera preferida de cada cliente individual. Más allá de su indudable eficacia dinámica, los hermosos componentes de aluminio anodizado dorado y negro de la suspensión se dejan deliberadamente al descubierto, integrándose magistralmente en la estética general del vano motor como verdaderas piezas de joyería de ingeniería mecanizada.

La Transmisión: ¿El Único Eslabón Débil?

En cualquier máquina construida con niveles tan absurdos de complejidad técnica y artesanía sin compromisos, siempre existe un área que genera debate. En el caso del casi perfecto One-77, la única y persistente fuente de controversia entre la prensa especializada y los afortunados propietarios ha sido siempre su caja de cambios.

En lugar de optar por una moderna, ultrarrápida y suave transmisión de doble embrague (DCT) como ya empezaban a utilizar competidores como el Porsche 911 Turbo o el Ferrari 458 Italia, Aston Martin instaló una caja de cambios manual automatizada (robotizada) de embrague simple y 6 velocidades, desarrollada específicamente para este modelo en colaboración con el especialista italiano Graziano.

  • ¿Por qué rechazar el Doble Embrague (DCT)? La decisión de ingeniería estaba fundamentada. En 2008, las cajas de cambios de doble embrague capaces de soportar sin desintegrarse los masivos 750 Nm de par motor de este salvaje V12 de 7.3 litros eran simplemente demasiado voluminosas, físicamente pesadas y engorrosas de empaquetar. Instalar una DCT habría requerido un rediseño completo de la parte trasera del intrincado y costoso monocasco de fibra de carbono, añadiendo un peso inaceptable a la zaga del coche y arruinando el delicado equilibrio de masas.

  • La Dinámica del Cambio: En la práctica del mundo real, la experiencia con esta caja es polarizante. Si el coche se conduce en el tráfico denso de la ciudad en modo completamente “Automático”, la transmisión de Graziano resulta ser tosca, lenta e insufriblemente brusca (lurchy), sacudiendo a los ocupantes con cada cambio a baja velocidad. Sin embargo, cuando el conductor toma el control manual mediante las grandes y hermosas levas de magnesio detrás del volante, selecciona el modo “Sport” más agresivo y pisa el acelerador a fondo en una carretera abierta, la caja cambia su carácter por completo. Golpea e inserta cada marcha sucesiva con una violencia física tan brutal e instantánea que encaja a la perfección con el carácter salvaje y aterrador de la inmensa ola de par motor del motor atmosférico, ofreciendo una experiencia visceral (y a menudo dolorosa para el cuello) que una suave DCT moderna jamás podría replicar.

Exclusividad Extrema: 77 Unicornios

  • Producción Estrictamente Limitada: El nombre del vehículo no dejaba lugar a la interpretación: la producción total y global se limitó de manera inquebrantable y contractual a exactamente 77 unidades construidas a mano.

  • Un Precio Rompedor: En el momento de su lanzamiento, el precio de venta sugerido al público (antes de cualquier opción de personalización a medida o impuestos locales) se fijó en la vertiginosa cifra de 1,15 millones de libras esterlinas (aproximadamente 1,8 millones de dólares en aquel momento). Esto lo convirtió, de forma inmediata e histórica, en el primer vehículo de producción de Aston Martin en romper con valentía la barrera psicológica del millón de libras, catapultando a la marca directamente a la incipiente liga de los “hiperdeportivos” ultra-premium.

  • Los Afortunados Propietarios: Dado su estatus de unicornio y su precio estratosférico, la asignación completa de 77 unidades se agotó mucho antes de que se construyera el primer coche de producción. Cuentan los insistentes rumores (y fuentes fiables dentro de la industria) que un único y extraordinariamente rico cliente, afincado en Oriente Medio, adquirió supuestamente un lote de 10 coches de una sola vez (pidiendo que la fábrica le pintara uno en cada color imaginable del catálogo) para repartirlos entre los miembros de su extensa familia.

Conclusión: El Triunfo del Gran Turismo Exagerado

Al final del día, es fundamental comprender la verdadera naturaleza del Aston Martin One-77. No es, bajo ningún concepto, una “rata de circuito” (track rat) despojada de comodidades y equipada con jaulas antivuelco. No fue diseñado en un túnel de viento virtual por ordenadores sin alma con el único y estéril objetivo de arañar décimas de segundo al récord de vuelta en el asfalto del Nürburgring Nordschleife.

El One-77 es, en su esencia más pura y gloriosa, el concepto tradicional del Gran Turismo (GT) británico elevado al nivel “11” en un amplificador. Trata fundamentalmente de la experiencia sensorial: del embriagador olor orgánico de las ingentes cantidades de cuero Connolly teñido a mano que recubre el interior, del tacto frío y satisfactorio del aluminio masivo y la fibra de carbono que decora el habitáculo, y de la aterradora e inagotable ola de empuje atmosférico ininterrumpido generada por un V12 de 7.3 litros que parece no tener fin.

El One-77 es mucho más que la suma de sus exquisitas partes mecánicas; es una abrumadora, atronadora y profundamente arrogante declaración de independencia corporativa y orgullo de ingeniería por parte de Aston Martin. Es, sin lugar a dudas, el “bruto” rodante más hermoso, sonoro y exagerado que la humanidad jamás haya forjado con sus propias manos.