Aston Martin

DBS Superleggera

Aston Martin DBS Superleggera: El Matón Vestido a Medida

En el exclusivo y reverenciado léxico de Aston Martin, no todos los nombres nacen iguales. Algunas denominaciones conllevan un peso histórico y una responsabilidad inmensa. Las siglas “DBS” se han reservado históricamente de forma casi sagrada para el pináculo absoluto de sus Gran Turismos de producción en serie: los coches que se sientan en la cima de la jerarquía, los que ofrecen la mayor potencia bruta, la postura más agresiva y la presencia visual más dramática e intimidante de toda la gama.

Por otro lado, la palabra italiana “Superleggera” (súper ligera) no es solo un adjetivo caprichoso; es un profundo homenaje histórico al legendario carrocero italiano Carrozzeria Touring de Milán. Fueron sus innovadoras técnicas de construcción tubular ligera envuelta en aluminio las que ayudaron a definir, esculpir y hacer posibles los icónicos modelos DB4 y DB5 de los años 60, forjando la identidad visual de la marca para siempre.

Por lo tanto, cuando en el año 2018 Aston Martin tomó la trascendental decisión de combinar estas dos placas de identificación históricas y sagradas para crear el reemplazo definitivo del saliente Vanquish S, la expectación global era de proporciones monumentales. El mundo del motor esperaba un vehículo de capacidades extremas, un “Super GT” sin compromisos. El Aston Martin DBS Superleggera no solo cumplió con esa formidable promesa; la entregó con una autoridad sencillamente aterradora.

Se trata de un automóvil definido por sus contradicciones extremas. Posee un tren motriz devastador, casi violento en su entrega, que es perfectamente capaz de abrumar y derretir sus anchos neumáticos traseros a velocidades de autopista si el conductor es torpe con el acelerador. Sin embargo, envuelve toda esa furia mecánica y ese caos termodinámico en una carrocería de fibra de carbono tan exquisitamente esculpida, fluida y proporcionada que resulta innegablemente elegante desde cualquier ángulo. Es, en esencia, la quintaesencia del matón británico moderno: un peso pesado de la destrucción que se presenta a pelear impecablemente vestido con un traje a medida de Savile Row.

El Corazón de la Bestia: 900 Nm de Furia V12

A pesar de su asombrosa belleza exterior, la característica que verdaderamente define la experiencia de conducir el DBS Superleggera no es su espectacular diseño, ni siquiera su asombrosa velocidad máxima de 340 km/h o su tiempo de aceleración en el sprint de 0 a 100 km/h. El alma de este coche reside en la fuerza pura, abrumadora, casi geológica, de su par motor a medio régimen.

Debajo del masivo capó delantero de una sola pieza tipo “clamshell” (concha), descansa el orgullo de la ingeniería de Gaydon: el motor V12 biturbo de 5.2 litros (5.204 cc) desarrollado íntegramente de forma interna (in-house) por Aston Martin. En su núcleo duro, este bloque es una evolución de la soberbia unidad que se estrenó en el DB11 V12. Sin embargo, para ganarse las codiciadas siglas DBS, el motor fue sometido a una transformación radical. Los ingenieros implementaron una recalibración masiva del software de gestión electrónica y aumentaron significativamente la presión máxima de soplado de los dos turbocompresores.

El resultado de estas alteraciones es una potencia máxima declarada de 725 caballos de vapor (CV) / 715 bhp entregados a unas vocales 6.500 rpm. Pero la cifra verdaderamente crítica, el número que altera la percepción del tiempo y el espacio para quien va al volante, es el par motor: unos descomunales, rompecuellos y casi absurdos 900 Nm (664 lb-ft) de fuerza de torsión. Lo verdaderamente aterrador no es solo la cifra pico, sino cómo se entrega: estos 900 Nm están disponibles de manera ininterrumpida en una meseta completamente plana de rendimiento desde apenas 1.800 rpm y se mantienen intactos hasta las 5.000 rpm.

Generar esta cantidad colosal de fuerza rotacional plantea un desafío de ingeniería y de seguridad monumental. Si la unidad de control del motor (ECU) permitiera que los turbos entregaran repentinamente los 900 Nm íntegros a las ruedas traseras mientras el coche circula en primera o segunda marcha, el DBS simplemente vaporizaría sus neumáticos traseros Pirelli P Zero en una nube de humo blanco, el control de tracción entraría en pánico constante y el vehículo sería, a todos los efectos prácticos, inmanejable y peligroso.

Para resolver este enigma dinámico y hacer que el coche sea explotable en el mundo real, los ingenieros de Aston Martin utilizaron una técnica sofisticada conocida como torque shaping (moldeado del par motor). La ECU interviene y limita artificialmente (pero de forma imperceptible) la salida máxima de par en las marchas más cortas. A medida que el coche gana tracción, supera la barrera aerodinámica inicial y engrana la tercera marcha y sucesivas a velocidades más altas, el sistema va liberando gradualmente el potencial completo del V12.

El resultado de esta brujería electrónica es un coche que, si bien se siente inmensamente rápido desde parado (despachando el 0 a 100 km/h en unos brutales 3,4 segundos y el 0 a 160 km/h en apenas 6,4 segundos), se siente absolutamente devastador e implacable cuando se acelera en movimiento, digamos de 80 km/h a 160 km/h. Posee una aceleración de “roll-on” (recuperación) que rivaliza e incluso humilla a hiperdeportivos dedicados mucho más caros, empujando implacablemente hacia adelante sobre una inagotable ola de empuje biturbo que parece desafiar las leyes fundamentales de la física.

El Tren de Rodaje: Transaxle ZF y Eje Cardán de Carbono

Para poder gestionar, transmitir y sobrevivir a esta inmensa e implacable fuerza rotacional sin romperse en pedazos, Aston Martin tuvo que reforzar significativamente todo el tren de rodaje del DBS Superleggera. Para la transmisión de potencia, recurrieron a los maestros alemanes de ZF.

El DBS utiliza una versión profundamente reforzada (heavy-duty) de la ubicua e impecable caja de cambios automática de 8 velocidades con convertidor de par de ZF. Crucialmente para la dinámica del vehículo, esta voluminosa transmisión no está atornillada a la parte posterior del motor. En su lugar, está montada en la parte trasera del coche, entre las ruedas traseras, en una disposición técnica conocida como “transaxle” (transeje). Este diseño es fundamental para alejar la masa del morro y lograr una distribución del peso casi perfecta y equilibrada (51% delante, 49% detrás).

Conectar el monstruoso V12 situado en la parte delantera con la resistente transmisión transaxle montada en la parte trasera requirió una solución extrema. Aston Martin empleó un eje de transmisión (árbol de transmisión o prop shaft) ultraligero fabricado íntegramente en fibra de carbono. Este eje, que debe girar a las mismas revoluciones que el motor, está encerrado herméticamente dentro de un rígido tubo de torsión (torque tube) de aluminio extruido que une el motor y la caja de cambios estructuralmente. Esta compleja y costosa configuración proporciona la inmensa rigidez torsional y estructural requerida para evitar que los 900 Nm de par retuerzan el chasis al acelerar bruscamente, manteniendo al mismo tiempo el peso total del tren motriz al mínimo absoluto.

Escultura en Fibra de Carbono y Aerodinámica Invisible

La histórica insignia “Superleggera” adherida al capó del DBS no es un mero ejercicio de marketing cínico o nostalgia barata; es una descripción literal de su construcción. Mientras que la arquitectura fundamental del chasis de aluminio extruido y adherido se comparte con su hermano menor, el DB11, casi toda la “piel” exterior visible del DBS está meticulosamente elaborada a partir de paneles de fibra de carbono.

El enorme e intrincado capó tipo concha, el panel del techo, las puertas y los ensanchados guardabarros traseros están todos horneados a partir de avanzados materiales compuestos. Esta extensa e implacable dieta de carbono logra reducir el peso en vacío (en seco) del corpulento DBS a aproximadamente 1.693 kg (3.732 lbs). Esto representa un logro de ingeniería verdaderamente notable para un colosal Gran Turismo con un motor V12 en el morro y un interior repleto de cuero, haciéndolo unos asombrosos 72 kilogramos más ligero que el DB11 V12 equivalente.

Pero esta exótica carrocería de fibra de carbono no está esculpida únicamente por razones estéticas; su forma está fuertemente dictada por la implacable necesidad de gestionar la aerodinámica extrema a más de 300 km/h. El frente del DBS está dominado por una enorme y amenazadora parrilla frontal negra con patrón de panal, absolutamente necesaria para alimentar de aire fresco a los hambrientos intercoolers y al masivo radiador principal.

Inmediatamente detrás de los musculosos pasos de rueda delanteros, se encuentran unas profundas y agresivas salidas de aire en forma de “curlicue”. Estas aperturas no son decorativas; funcionan como extractores activos que evacuan el aire de alta presión y turbulento que se acumula dentro de los pasos de rueda, reduciendo drásticamente la fuerza de elevación (lift) en el eje delantero y mejorando la precisión de la dirección a altas velocidades.

En la zaga, la genialidad aerodinámica de Aston Martin brilla con el evolucionado sistema Aeroblade II. En lugar de arruinar la elegante caída del techo con un vulgar y enorme alerón trasero atornillado, el aire limpio que fluye sobre el techo es capturado por unas discretas tomas ocultas en la base de los pilares C. Este aire viaja rápidamente por el interior de la estructura hueca del maletero y es eyectado verticalmente hacia arriba a través de una ranura afilada en el borde de la tapa del maletero.

Este flujo ascendente de alta presión crea un “alerón virtual” que presiona el tren trasero contra el asfalto. Cuando este sistema invisible se combina con un sutil alerón de labio (lip spoiler) fijo de fibra de carbono y un difusor trasero doble increíblemente profundo inspirado directamente en los coches de carreras GTE de la marca, el DBS Superleggera es capaz de generar unos masivos 180 kg (397 lbs) de fuerza descendente (downforce) real a su velocidad máxima (V-Max) de 340 km/h (211 mph). En el momento de su lanzamiento, este era el mayor nivel de carga aerodinámica jamás generado por un Aston Martin de producción en serie, garantizando una estabilidad inquebrantable a velocidades hiper-legales.

Una Sinfonía V12: El Rugido de Gaydon

Un elemento absolutamente crucial, casi romántico, de la experiencia de poseer y conducir un Aston Martin V12 es el ruido que produce. Sin embargo, la inclusión de dos turbocompresores presenta un problema evidente: las turbinas en el sistema de escape actúan naturalmente como silenciadores inmensamente efectivos, asfixiando el sonido del motor.

Conscientes de que un DBS silencioso sería un fracaso, los ingenieros acústicos de Aston Martin diseñaron un sistema de escape activo a medida y altamente complejo, que culmina en cuatro agresivos tubos de escape (quad tailpipes) integrados en el difusor trasero.

Cuando el coche arranca o se conduce en el modo estándar “GT”, las válvulas de derivación (bypass valves) en el silenciador trasero permanecen mayoritariamente cerradas. El coche es relativamente discreto y refinado, emitiendo un murmullo grave perfecto para viajes largos sin fatigar a los ocupantes. Pero al presionar el botón en el volante y seleccionar los modos “Sport” o “Sport Plus”, el carácter del coche cambia violentamente.

Las válvulas se abren por completo, derivando gran parte de los silenciadores restrictivos. La nota de escape se transforma en un rugido profundo, furioso y multicapa que resuena en la caja torácica del conductor. Al soltar el acelerador (overrun), el sistema escupe una violenta ráfaga de petardeos, chasquidos y estallidos agresivos. No posee el grito agudo, tenso y operístico a 9.000 rpm de un V12 atmosférico de Ferrari; en su lugar, el DBS opta por un bramido de barítono, un sonido gutural, industrial y abrumadoramente musculoso que encaja a la perfección con el carácter de matón de traje a medida del coche.

La Conclusión: El Pináculo del Super Gran Turismo

En última instancia, es vital entender lo que es y lo que no es el DBS Superleggera. No es, ni intenta ser, un coche de pista delicado, puntiagudo y preciso como un bisturí al estilo de un Porsche 911 GT3 RS o un McLaren 765LT. Es un “Super GT” en su máxima expresión.

Es un vehículo magistralmente diseñado para cruzar continentes enteros a velocidades inmensas, devorando kilómetros de autopista con un confort y un lujo absolutos, mientras alberga en su interior una reserva de potencia bruta y salvaje lo suficientemente profunda como para aterrorizar legítimamente a su conductor cuando la carretera por fin se despeja y se pisa el acelerador a fondo.

Es una celebración sin complejos del exceso automovilístico: un motor V12 masivo y sediento, una exquisita e innecesariamente compleja carrocería de fibra de carbono esculpida a mano, y más par motor del que cualquier ser humano podría necesitar razonablemente en la vía pública. El Aston Martin DBS Superleggera representa el pináculo absoluto, la celebración final y gloriosa, de la filosofía tradicional de Gran Turismo de motor delantero y tracción trasera de Aston Martin, erigiéndose como un monumento de combustión interna justo antes del inevitable e histórico giro de la industria hacia las plataformas de motor central híbridas y la silenciosa electrificación total.