Aston Martin

DB11

Aston Martin DB11: El Comienzo del Segundo Siglo

Durante más de una década, el venerado Aston Martin DB9 ejerció como la elegante y sonora columna vertebral de la histórica marca británica. Impulsado por un glorioso motor V12 de aspiración natural, el DB9 fue universalmente elogiado por la prensa y el público por su belleza atemporal y su innegable carisma aristocrático. Sin embargo, a medida que avanzaban los años, la realidad del mercado se volvió implacable. Su arquitectura de chasis subyacente, la plataforma VH (Vertical/Horizontal) introducida a principios de los 2000, y su tecnología interior cada vez más obsoleta luchaban desesperadamente por competir en igualdad de condiciones con los rivales modernos, hipertecnológicos y sobrealimentados que presentaban marcas como Bentley, Porsche y Ferrari.

Aston Martin no necesitaba una simple evolución; necesitaba una revolución absoluta para sobrevivir y prosperar en el siglo XXI. En el Salón del Automóvil de Ginebra de 2016, la marca de Gaydon desveló el primer y más crucial producto de su ambicioso y vital plan estratégico, bautizado como el “Plan del Segundo Siglo” (Second Century Plan): el Aston Martin DB11.

El DB11 no era un lavado de cara (facelift) ni una actualización sutil del DB9. Era un diseño de hoja en blanco, concebido desde cero. Estrenó un chasis de aluminio adherido y remachado completamente nuevo, más rígido y ligero; un motor V12 biturbo diseñado íntegramente de forma interna (rompiendo una larga tradición de motores atmosféricos); y una arquitectura electrónica y de infoentretenimiento completamente renovada, posible gracias a su nueva y estratégica asociación técnica con el gigante alemán Daimler AG (Mercedes-Benz). Era, sin lugar a dudas, el automóvil más importante que Aston Martin había lanzado desde la presentación del DB9 en 2003, y sobre sus elegantes hombros recaía la inmensa responsabilidad de redefinir lo que debía ser un Gran Turismo (GT) británico moderno, fusionando herencia con innovación tecnológica de vanguardia.

El Diseño: La Aerodinámica Sofisticada Disfrazada de Arte Escultural

Bajo la experta dirección del Director Creativo de Aston Martin, Marek Reichman, el equipo de diseño del DB11 se enfrentó a un desafío monumental: cómo modernizar radicalmente la estética de la marca sin perder el inconfundible ADN que hace que un Aston Martin sea reconocible al instante. El resultado fue magistral. El DB11 mantuvo escrupulosamente las proporciones clásicas del “Golden Ratio” que definen a un GT con motor delantero-central: un capó interminable, un habitáculo retrasado casi sobre el eje trasero y una zaga corta y musculosa. Sin embargo, sobre este lienzo clásico, aplicaron un lenguaje de diseño mucho más afilado, tenso y contemporáneo, abandonando las curvas suaves del DB9 en favor de líneas de tensión marcadas y superficies complejas.

Pero el verdadero genio del diseño del DB11 no reside únicamente en su innegable atractivo visual estático; reside en cómo gestiona de forma invisible el flujo de aire a altas velocidades. En lugar de arruinar la silueta pura y elegante del coche instalando masivos y vulgares alerones traseros o faldones exagerados —elementos más propios de un superdeportivo enfocado a los “track days” que de un elegante GT—, Aston Martin integró de manera brillante los elementos aerodinámicos directamente dentro de la propia carrocería.

  • El “Curlicue” (La Voluta): Justo detrás de los pasos de rueda delanteros, ingeniosamente oculta dentro de la icónica branquia lateral (side strake) de Aston Martin, se encuentra una profunda salida de aire branquial denominada “curlicue”. Esta salida, inspirada en la aerodinámica de los coches de carreras Vulcan y Vantage GTE, extrae activamente el aire turbulento y de alta presión que se acumula dentro de los pasos de rueda delanteros. Al evacuar este aire, reduce significativamente la fuerza de elevación (lift) en el tren delantero a altas velocidades, manteniendo la dirección precisa y aplomada sin la necesidad estética de un agresivo “splitter” frontal que rasparía en cada badén.
  • El “Aeroblade” (La Hoja de Aire): Este es, sin duda, el truco de magia aerodinámico del DB11. A medida que el aire fluye sobre el elegante techo del coche, una parte de ese flujo es capturada y canalizada a través de unas discretas tomas de aire situadas en la base de los pilares C (los pilares traseros). Sorprendentemente, este aire fluye literalmente por el interior de la carrocería trasera hueca y es forzado a salir verticalmente hacia arriba a través de una estrecha y apenas visible ranura situada en el borde de la tapa del maletero (decklid). Al salir a alta velocidad, este flujo de aire crea un conducto vertical de alta presión que actúa exactamente como un “alerón virtual”, presionando firmemente la parte trasera del coche contra el asfalto a velocidades superiores a 250 km/h. Para ayudar a este sistema en situaciones extremas, un pequeño “flap Gurney” activo se despliega de la tapa del maletero solo cuando el coche circula a velocidades verdaderamente ilegales.

El resultado de esta compleja ingeniería de fluidos es un automóvil que es inquebrantablemente estable aerodinámicamente a su velocidad máxima de 322 km/h (200 mph), pero que mantiene un perfil escultural, limpio y sin corromper cuando está estacionado casualmente frente al Casino de Montecarlo.

El Corazón de la Bestia: El V12 Biturbo de 5.2 Litros (AE31)

Quizás el aspecto más controvertido y debatido del DB11 antes de su lanzamiento oficial no fue su diseño, sino su propulsor. Por primera vez en la ilustre y venerada genealogía “DB”, Aston Martin se vio obligada, por las cada vez más estrictas normativas globales de emisiones y consumo, a abandonar la pureza y la respuesta inmediata de la aspiración natural en favor de la sobrealimentación (turbocharging).

Los puristas y los incondicionales de la marca temían que la introducción de turbocompresores silenciara para siempre el legendario, agudo y casi operístico aullido que caracterizaba a los V12 atmosféricos de 6.0 litros anteriores. No tenían por qué preocuparse. Aston Martin no recurrió al banco de órganos de otra compañía para su motor insignia. En su lugar, invirtieron masivamente para diseñar, desarrollar y construir de forma completamente interna un motor V12 biturbo de 5.2 litros totalmente nuevo, designado internamente con el código AE31.

Este colosal propulsor de aleación de aluminio produce unos rotundos 608 caballos de vapor (CV) / 600 bhp a 6.500 rpm. Pero la cifra verdaderamente transformadora no es la potencia máxima, sino el par motor. El V12 genera unos masivos 700 Nm (516 lb-ft) de par que están disponibles en su totalidad desde apenas las 1.500 rpm y se mantienen constantes hasta casi las 5.000 rpm. Esta ola interminable de par motor a bajas revoluciones cambió por completo las características dinámicas y de conducción del coche en comparación con el antiguo DB9. Permite al conductor ejecutar maniobras de adelantamiento contundentes, sin esfuerzo y casi perezosas a velocidades de autopista, sin la necesidad de que la caja de cambios baje tres marchas agresivamente. Es la definición misma del empuje “sin esfuerzo” que caracteriza a un verdadero GT de clase mundial.

Crucialmente, los ingenieros acústicos de Gaydon pasaron incontables meses afinando minuciosamente los colectores de escape y los silenciadores activos para garantizar que el nuevo motor biturbo siguiera sonando innegablemente como un Aston Martin. Si bien es cierto que carece del grito agudo y rasgado en la zona roja del antiguo motor de 6.0 litros, posee a cambio un rugido de inducción profundo, complejo, rico en graves y sorprendentemente furioso bajo carga pesada, manteniendo una acústica innegablemente aristocrática y embriagadora.

Toda esta fuerza bruta se canaliza a las inmensas ruedas traseras a través de una sofisticada transmisión automática ZF de 8 velocidades con convertidor de par. Esta caja está montada en la parte trasera del vehículo (disposición “transaxle”) y conectada al motor delantero mediante un tubo de torsión de fibra de carbono. Esta compleja disposición mecánica asegura una distribución del peso casi perfecta, con un 51% del peso en el eje delantero y un 49% en el trasero. En términos de prestaciones puras, el sprint de 0 a 100 km/h (62 mph) se despacha en apenas 3,9 segundos, y la aceleración continúa implacable hasta alcanzar una velocidad máxima certificada de 322 km/h (200 mph).

La Estratégica Opción del V8 AMG: Ligereza y Agilidad

En 2017, Aston Martin amplió inteligentemente el atractivo y el alcance del mercado del DB11 introduciendo una segunda opción de motorización: un potente motor V8 biturbo de 4.0 litros suministrado (y ligeramente modificado) por Mercedes-AMG.

Este propulsor V8, conocido por su carácter explosivo en modelos de la marca de la estrella, se ajustó para encajar en el carácter de Aston Martin, produciendo 510 CV (375 kW) y 675 Nm de par. Aunque sobre el papel era menos potente que el todopoderoso V12, el modelo V8 guardaba un as bajo la manga crítico: pesaba 115 kg (253 lbs) menos que la versión V12, y casi la totalidad de ese peso se eliminó directamente del eje delantero.

Esta dramática reducción de masa en la parte delantera alteró significativamente el carácter del coche. Muchos entusiastas de la conducción pura, probadores de desarrollo y periodistas del motor terminaron prefiriendo la dinámica del modelo V8. Argumentaban con razón que el morro más ligero hacía que el coche fuera inmensamente más ágil, reactivo y dispuesto a cambiar de dirección en una carretera de montaña sinuosa, mitigando la sensación de subviraje inicial inherente a los pesados GT con motor V12. Efectivamente, el motor V8 transformó al DB11 de un puro “crucero” de autopistas continentales (continent crusher) en un genuino coche deportivo GT, más enfocado en el placer de conducción en carreteras secundarias.

Un Interior Moderno: El Fin de la Era Analógica

El interior del DB11 marcó el final definitivo y muy necesario de la dependencia histórica de Aston Martin de la electrónica y los sistemas de infoentretenimiento de la era de Ford (o de sistemas anticuados de Volvo adaptados). Gracias a los frutos de su asociación técnica con Mercedes-Benz, la anticuada pantalla emergente y el sistema de navegación obsoleto del DB9 fueron reemplazados por una arquitectura de clase mundial.

El DB11 adoptó una versión profundamente personalizada y adaptada gráficamente del excelente sistema de infoentretenimiento COMAND de Mercedes, operado a través de un controlador giratorio y un panel táctil en la consola central. El salpicadero ahora cuenta con una pantalla central afilada y de alta resolución de 8 pulgadas, emparejada por primera vez con un cuadro de instrumentos totalmente digital y configurable de 12 pulgadas detrás del volante, proporcionando un entorno tecnológico moderno, rápido e intuitivo.

A pesar de la innegable presencia de la fiabilidad electrónica alemana, el ambiente de la cabina sigue siendo inconfundiblemente británico en su ejecución. El interior está envuelto en cantidades ingentes de cuero de la más alta calidad suministrado por Bridge of Weir (Escocia), cosido a mano con patrones intrincados. Los detalles de diseño, como los intrincados patrones de brocado (brogue) en los asientos que recuerdan al calzado inglés de lujo, los bordados personalizados en los reposacabezas y los hermosos adornos disponibles en maderas de poro abierto, fibra de carbono tintada o incluso fibra de carbono forjada (chopped carbon), garantizan que la artesanía tradicional de Gaydon siga muy viva. Es un lugar sumamente opulento y ergonómicamente excelente para devorar cientos de kilómetros de un tirón.

La Evolución Definitiva: El DB11 AMR (Aston Martin Racing)

Aston Martin nunca descansa en sus laureles. En 2018, apenas dos años después de su lanzamiento, tomaron la decisión de reemplazar por completo el modelo V12 estándar con una variante significativamente más afilada: el DB11 AMR (Aston Martin Racing).

El AMR no era solo un paquete de pegatinas. El motor V12 recibió un ajuste de la ECU para aumentar la potencia a 639 CV (630 bhp), acortando el 0-100 km/h a 3,7 segundos. Se instaló un sistema de escape revisado y significativamente más ruidoso en el modo de conducción más agresivo (“Track”). Pero la mejora más crucial fue la profunda revisión de la calibración de la suspensión, la dirección y la caja de cambios. El AMR abordó directamente las críticas de los primeros probadores que consideraban que el V12 original era dinámicamente “demasiado blando” en circuito o carreteras muy exigentes. Los ingenieros lograron endurecer el control de la carrocería (body control), reduciendo el balanceo y mejorando la precisión direccional, sin arruinar en absoluto la exquisita calidad de marcha (ride quality) necesaria para un GT. El AMR se convirtió en el DB11 V12 definitivo.

En retrospectiva, el Aston Martin DB11 ha llevado con éxito y aplomo a la marca a su segundo siglo de existencia. Logró ejecutar a la perfección la tarea increíblemente difícil de abrazar la tecnología moderna y necesaria —la sobrealimentación para la eficiencia, las interfaces digitales complejas para la conectividad y la aerodinámica avanzada (pero oculta) para el rendimiento a alta velocidad— conservando intactos el alma inconfundible, la belleza estética sobrecogedora y el atractivo emocional crudo que definen, y siempre deben definir, a un verdadero Aston Martin.