Apollo

Intensa Emozione

Apollo Intensa Emozione: La Rebelión Mecánica contra lo Digital

A medida que la década de 2010 llegaba a su fin, la industria de los hiperdeportivos parecía haber establecido una fórmula inamovible para alcanzar el máximo rendimiento: utilizar un motor V8 biturbo de cilindrada relativamente baja, combinarlo con dos o tres motores eléctricos de alta potencia, y confiar en algoritmos de software increíblemente complejos para gestionar los más de 1.000 caballos resultantes. Sin duda, esta receta producía coches inimaginablemente rápidos sobre el papel y en la pista, pero para un segmento muy particular y purista de entusiastas, también los hacía sentir clínicos, asépticos, pesados y, lo que es peor, artificialmente silenciados.

Fue en este contexto donde Apollo Automobil —la marca que resurgió de las cenizas de la extinta y radical Gumpert— decidió dar un golpe en la mesa y rechazar por completo esta fórmula moderna. En 2017, revelaron al mundo el Apollo Intensa Emozione (IE).

Su nombre, que se traduce literalmente del italiano como “Emoción Intensa”, no es una simple estratagema de marketing; es una declaración de intenciones. El IE es un viaje deliberado y nostálgico a la época dorada de las carreras de resistencia de la categoría GT1 de finales de los años 90. En este vehículo no hay rastro de turbocompresores, ni de motores eléctricos, ni de los pesados paquetes de baterías de iones de litio que lastran a sus contemporáneos. En su esencia más pura, el IE es un monocasco de fibra de carbono asombrosamente ligero, atornillado a uno de los motores V12 atmosféricos más ruidosos y de mayor régimen de giro del planeta, todo ello envuelto en una carrocería que parece haber sido diseñada para el villano de una película de ciencia ficción.

El Diseño: La Forma Dictada por la Aerodinámica (y la Furia)

El diseño del Apollo IE, concebido por el talentoso Joe Wong, es un asalto violento y sin concesiones a los sentidos. A diferencia de las líneas fluidas, elegantes y casi esculturales que podríamos encontrar en un Pagani Huayra o en un Bugatti Chiron, el IE es un amasijo de ángulos agudos, bordes dentados y agresividad pura. A primera vista, se asemeja más a una nave espacial insectoide alienígena o a un caza de combate furtivo que a un automóvil tradicional.

Sin embargo, sería un error pensar que este diseño es puramente estético. Cada pliegue, cada aleta y cada conducto sirve a un propósito aerodinámico vital. Para garantizar que esta forma extrema funcionara en el mundo real, Apollo se asoció con HWA AG, la legendaria empresa de automovilismo y desarrollo de ingeniería responsable de crear el icónico Mercedes-Benz CLK GTR ganador del campeonato FIA GT, y desarrolladores de innumerables vehículos del DTM.

El paquete aerodinámico resultante es sencillamente asombroso, propio de un prototipo de Le Mans (LMP1). En la parte delantera, el coche cuenta con un masivo splitter de fibra de carbono y agresivos ‘dive planes’ (derivas laterales) que clavan el morro al asfalto. Una pronunciada espina dorsal central nace en la toma de aire del techo (roof scoop) y fluye hacia atrás, canalizando el aire limpio hacia un colosal alerón trasero de tres elementos que domina por completo la vista posterior.

El sistema de escape es una obra de arte por sí mismo, terminando en una forma de tridente única y amenazadora, fabricada mediante impresión 3D en titanio. Este escape se sitúa en el centro de la fascia trasera, justo por encima de un enorme difusor con múltiples canales que extrae el aire de los bajos del coche.

El resultado de este exhaustivo trabajo en el túnel de viento es una eficiencia aerodinámica que deja en evidencia a la mayoría de los superdeportivos de calle. A una velocidad de 300 km/h (186 mph), el Apollo IE genera una asombrosa carga aerodinámica (downforce) de 1.350 kg (2.976 lbs). Si consideramos que el peso total en vacío del coche es de apenas 1.250 kg, esto significa que, en teoría y con el túnel adecuado, el Apollo IE podría conducirse boca abajo por el techo.

El Corazón: El V12 Modificado por Autotecnica Motori

Cuando la directiva de Apollo tomó la valiente decisión de prescindir de la sobrealimentación, sabían que necesitaban un motor muy especial, uno capaz de entregar la potencia y el dramatismo dignos de un hiperdeportivo basándose únicamente en la cilindrada y en regímenes de giro astronómicos. La solución llegó desde Maranello: adquirieron un bloque V12 atmosférico de 6.3 litros, derivado de la arquitectura original utilizada en el Ferrari F12berlinetta.

No obstante, no se conformaron con instalar el motor tal cual. Entregaron este propulsor a los especialistas de Autotecnica Motori, una prestigiosa firma italiana dedicada en exclusiva a la construcción y preparación de motores de competición. Los ingenieros de Autotecnica desmontaron el V12 y lo reconstruyeron esencialmente para aplicaciones de carreras de resistencia.

Aumentaron la relación de compresión, rediseñaron por completo los sistemas de admisión para permitir una mejor respiración a altas revoluciones, optimizaron el flujo de escape y reprogramaron la Unidad de Control del Motor (ECU) con mapas mucho más agresivos.

El fruto de este exhaustivo trabajo es una potencia garantizada y fiable de 780 caballos de vapor (CV) y unos contundentes 760 Nm (560 lb-ft) de par motor. Pero la cifra verdaderamente crucial, la que define el carácter de este motor, es el régimen máximo de giro: la línea roja se ha empujado hasta unas aulladoras 9.000 rpm.

Dado que este motor no tiene que forzar los gases de escape a través de las turbinas restrictivas de unos turbocompresores, el sonido que emite no encuentra ningún obstáculo. El sistema de escape de titanio hecho a medida del Apollo IE cuesta por sí solo más que muchos coches de lujo europeos estándar. El ruido que produce no es un simple rugido grave; es un aullido ensordecedor, agudo y visceral, una réplica exacta del sonido de los Fórmula 1 con motor V12 de principios de los años 90. Es un sonido capaz de hacer vibrar físicamente el pecho de cualquier persona que se encuentre en un radio de cien metros, una auténtica sinfonía mecánica en peligro de extinción.

El Chasis: La Pureza Extrema de la Fibra de Carbono

Para garantizar que el coche fuera lo más ligero, rígido y comunicativo posible, Apollo no escatimó en gastos y co-desarrolló un chasis de fibra de carbono completamente nuevo. En este proyecto unieron fuerzas con HWA y con Capricorn Group, los reputados especialistas en materiales compuestos que fabricaron el monocasco para el Porsche 919 Hybrid, tricampeón absoluto en las 24 Horas de Le Mans.

A diferencia de muchos superdeportivos que utilizan subchasis de aluminio atornillados a una celda central de carbono, en el Apollo IE casi todo es carbono. El monocasco central, los subchasis delantero y trasero, así como las estructuras de absorción de impactos, están moldeados en fibra de carbono de grado aeroespacial. Gracias a este enfoque intransigente, el chasis completo, la columna vertebral del vehículo, pesa apenas 105 kg (231 lbs).

La configuración de la suspensión es pura ingeniería de competición: emplea un esquema de dobles triángulos superpuestos en las cuatro ruedas, con amortiguadores Bilstein montados en el interior del chasis y accionados mediante un sistema de varillas de empuje (pushrod). Las barras estabilizadoras son completamente ajustables, permitiendo al conductor afinar el comportamiento del coche según el circuito.

En el interior de la cabina, el enfoque radical continúa. El piloto se sienta en unos asientos tipo baquet de fibra de carbono que no están atornillados, sino moldeados directamente en la estructura del monocasco (para ahorrar peso y aumentar la rigidez). Dado que el asiento es fijo, para ajustar la posición de conducción perfecta, lo que se mueve es el conjunto de la columna de dirección y la caja de pedales, una configuración idéntica a la utilizada en los prototipos de carreras, en el LaFerrari y en el Ford GT de última generación.

La potencia se transmite exclusivamente a las masivas ruedas traseras a través de una transmisión de carreras secuencial de 6 velocidades, fabricada por el especialista Hewland. Los cambios de marcha se operan mediante grandes levas neumáticas detrás del volante. Las transiciones entre marchas no son suaves ni refinadas; son brutalmente rápidas y físicamente violentas, propinando una patada en la espalda con cada inserción a fondo, reforzando a cada instante la sensación de estar pilotando un verdadero prototipo de Le Mans con matrícula para la calle.

La Experiencia Anti-Digital: Una Conexión Sin Filtros

El Apollo IE fue construido explícitamente para ser un coche exigente. En una época en la que la electrónica interviene constantemente para salvarnos de nuestros propios errores, el IE carece de las modernas redes de seguridad electrónicas que permiten a conductores sin experiencia pilotar hiperdeportivos híbridos de 1.000 CV con relativa facilidad.

Sí, cuenta con control de tracción, pero es un sistema rudimentario, derivado de la competición, diseñado más para evitar derrapes terminales catastróficos que para suavizar la entrega de potencia y hacer la conducción fácil. La dirección, por su parte, rechaza la asistencia eléctrica moderna en favor de un sistema de asistencia hidráulica tradicional, con el único objetivo de proporcionar el máximo nivel de retroalimentación (feedback) analógica sobre lo que ocurre bajo los neumáticos delanteros.

En el Apollo IE, el conductor debe respetar profundamente a la máquina. Requiere un piloto dispuesto a gestionar los inmensos niveles de agarre aerodinámico en curvas rápidas y la repentina y agresiva entrega de potencia del V12 en la salida de las curvas lentas, todo ello sin depender de un ejército de microprocesadores para salvarle de un error de cálculo. Es una experiencia de conducción analógica pura, cruda e intimidadora.

Rareza, Exclusividad y Coste

Como testimonio de su exclusividad extrema y del meticuloso proceso de fabricación artesanal, Apollo limitó la producción total del Intensa Emozione a exactamente 10 unidades para todo el mundo.

Con un precio base que comenzaba en la vertiginosa cifra de 2,6 millones de dólares (antes de cualquier opción de personalización o impuestos), representaba una propuesta financiera increíblemente cara para un vehículo de un fabricante nuevo y relativamente desconocido en aquel momento. Sin embargo, el mercado habló con claridad: la asignación completa de 10 unidades se agotó inmediatamente tras su presentación privada.

Los compradores de estas obras de arte rodantes no eran simples advenedizos; eran coleccionistas experimentados, muchos de los cuales ya poseían la famosa “Santísima Trinidad” híbrida (LaFerrari, McLaren P1 y Porsche 918 Spyder). Buscaban desesperadamente un antídoto contra la perfección digital, un retorno a los hiperdeportivos aterradores, escandalosamente ruidosos y mecánicamente puros que recordaban a los homologados para la calle de finales de los años 90, como el Porsche 911 GT1 o el Mercedes CLK GTR.

El Apollo IE es, en el mejor sentido de la palabra, un magnífico anacronismo. Es un hiperdeportivo ultramoderno construido utilizando las filosofías y los valores del pasado. El resultado es un vehículo que ofrece una experiencia emocional y sensorial tan abrumadora que los modernos vehículos eléctricos e híbridos hipertecnológicos, a pesar de sus cifras de aceleración superiores, simplemente son incapaces de replicar. Es el triunfo de la emoción cruda sobre la fría eficiencia digital.